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sábado, 9 de julio de 2016

Debates, iniciativas y compañerismo : Las Jornadas Feministas Centroamericanas


Jornadas
“Cuerpos que desafían y construyen nuevas realidades” Participantes de las Jornadas Feministas Centroamericanas 2016. Fotografía de la autora, usada con permiso.

El programa feminista nicaragüense La Corriente fue la figura organizativa principal tras las Jornadas Feministas que se celebraron en Managua a mediados de junio de 2016. El tema central dio de frente con los temas que rodean al cuerpo y sus funciones sociales. Bajo la idea central “Cuerpos que desafían y construyen nuevas realidades”  se reunieron más de 80 activistas procedentes de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. El evento fue la ocasión para lograr conversaciones en conjunto, desde una perspectiva regional, y con el fin de afianzar el diálogo entre generaciones.

Las jornadas lograron también que los debates fueran llevados a las redes. Desde Twitter y Facebook, participantes y asistentes transmitieron ideas, luchas y retos desde la visión de la región centroamericana.
El debate de las jornadas giró en torno a diversas estrategias para generar nuevas narrativas que desafíen la situación actual de las mujeres en Centroamérica. Con mucho pesar, las feministas explicaron que el número de feminicidios sigue siendo alarmante y que, tras muchos años de activismo, es necesario mantenerse unidas. Asimismo, destacan problemas como la reavivación de fundamentalismos religiosos, que no hacen más que mantener una dinámica de restricción de libertades para las mujeres:
‪#‎JornadasFeministasCA2016‬ “Parece que nuestros países centroamericanos ya no se rigen por la constitución sino por la biblia.”
Las activistas también hablaron sobre el retroceso de derechos que las mujeres están experimentando, incluida la ilegalización del aborto terapéutico, y la elevada tasa de embarazos adolescentes debido a la falta de asistencia en derechos sexuales y reproductivos. Esta situación se ve agravada por el aumento de la violencia de género en redes sociales y de un machismo creciente entre los jóvenes que actúa con toda impunidad:
La violencia en C.A. es una pandemia que va desde el acoso callejero hasta los feminicidios
Esperanza White, activista feminista de la costa caribe nicaragüense, hace hincapié en Facebook sobre la importancia de unir las diferentes reivindicaciones que tienen lugar dentro del movimiento feminista. De este modo destaca la necesidad de dar espacio a un enfoque interseccional para comprender y unir a las mujeres en la región mesoamericana:
Me llena este pensamiento: “La fortaleza de las mujeres está en las diferencias de cada una de nosotras…Lesbianas, indígenas, con discapacidades, afrodescendientes, trans, heterosexuales…cuerpos diferentes con la misma alma y problemática”… ‪#‎JornadasFeministasCA2016
Jornadas2
Activistas feministas procedentes de todo Centroamérica en plenaria. Fotografía de la autora. Usada con permiso.

Por su parte, las hondureñas expresaron su malestar tras muchos años de activismo puesto que, después de varias décadas de lucha, se ha instalado un sentimiento de desesperanza debido a la falta de apoyo gubernamental y a la escasez de recursos para mantener un activismo que tenga capacidad de promover cambios estructurales y duraderos. Por ese motivo, se insistió en la importancia de desarrollar estrategias para sobrellevar la carga emocional y el desgaste psicológico generados por esta batalla que se libra de forma sostenida y a diario.  Para ello, las activistas apuestan por el “autocuido” (comprendido como el autocuidado emocional y social) como instrumento indispensable para mantenerse a flote:

Las mujeres del movimiento concluyen que hay que superar diferencias generacionales creando nuevos espacios de diálogo, donde unas puedan aprender de las veteranas y otras puedan contagiarse de la energía y frescura de las ideas jóvenes. Además, hay que documentar el movimiento y su trayectoria, en un intento de sistematizar y unificar una lucha que tiene una riquísima experiencia en el trabajo a pie de calle:
Hay que hacer un balance de los últimos 30 años… Lo que estamos discutiendo hoy sobre las tensiones generacionales y otras, es lo mismo de hace treinta años pero en nuevos contextos… Este es un momento en el que deberíamos intentar buscar cuáles son las salidas posibles a la situación que nos enfrentamos hoy, pero con nuevos actores. Tenemos que trabajar en la gestión del conocimiento feminista…difundir, socializar, compartir la historia. El patriarcado está gordísimo, violento, depredador, porque hicimos poco es desestructurar imaginarios patriarcales.¨‪#‎JornadasFeministasCA2016
Dolly Rebeca Mora, activista feminista nicaragüense, tras participar en las jornadas:
Que puedo decir feliz con estas ‪#‎JornadasFeministasCA2016 me llena de esa energías de todas estas mujeres maravillosas y vitaliza mis luchas, mi compromiso toma fuerzas, agradezco al ‪#‎universo por encontrarme con el feminismo hoy más que nunca ‪#‎AquiSeRespiraLucha
Después del reencuentro, las activistas del Programa Feminista La Corriente se muestran optimistas y concluyen que hay mucho trabajo por hacer, pero las energías renovadas tras estos días de intenso debate contribuyen a hacer la lucha más llevadera. Tienen claro que mantener los vínculos dentro del movimiento será decisivo para ver los cambios esperados en el futuro.


lunes, 4 de julio de 2016

Las hermanas que se volvieron un hito del movimiento feminista


 
Augusta y Adeline Van Buren realizaron una travesía extraordinaria para demostrar la capacidad de las mujeres durante la Primera Guerra Mundial.
Esta foto de 1916 provista por Dan Ruderman muestra a su abuela Adeline Van Buren, derecha, y su tía abuela Augusta Van Buren, en Los Ángeles durante su viaje en motocicleta a través de EU. (Agencias)








Esta foto de 1916 provista por Dan Ruderman muestra a su abuela Adeline Van Buren, derecha, y su tía abuela Augusta Van Buren, en Los Ángeles durante su viaje en motocicleta a través de EU. (Agencias)
Agencias
BROOKLYN, NY.- Hace un siglo, cuando el automóvil estaba en su infancia y la mayoría de los caminos no estaban pavimentados, dos intrépidas hermanas de Brooklyn hicieron una travesía extraordinaria: un viaje de seis mil 400 kilómetros (cuatro mil 600 millas) por Estados Unidos en motocicletas.
Augusta y Adeline Van Buren idearon el plan en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, tratando de demostrar que las mujeres podían ser correos militares, soportar viajes largos y condiciones duras tan bien como los hombres.

Las hermanas completaron su travesía en dos meses, pero fueron rechazadas por el ejército por ser mujeres: el viaje, no obstante, es recordado como un hito en el movimiento feminista.
"Cuando lo piensas, eso sucedió cuatro años antes que las mujeres tuviesen siquiera derecho a votar", dijo Robert Van Buren, sobrino nieto de las hermanas. "Ellas estaban tratando de demostrar que las mujeres podían contribuir a las labores de la guerra que sabían se acercaba".

Para conmemorar 100 años del viaje, BMW y la compañía de motocicletas Indian patrocinan una aventura para mujeres de tres semanas en motocicletas que arranca el domingo desde Brooklyn y seguirá la ruta original de las hermanas hasta California.

De acuerdo con The Associated Press, el viaje será mucho más fácil que en de 1916, cuando muchos caminos eran de tierra. La Carretera Lincoln, que las hermanas siguieron, fue armada en 1913 e iba desde Times Square, en Nueva York, hasta San Francisco, pero simplemente conectaba caminos locales.
"Ellas estaban rodando en los mismos senderos para caballos que usaban los granjeros y en el oeste en caminos para carretas cubiertas, sin señales ni marcas", dijo William M. Murphy, que recorrió la ruta y escribió sobre ello.

Aspirar a cosas grandes fue parte de la forma en que las hermanas fueron criadas. Su madre murió cuando eran niñas y el padre las enseñó a ser independientes, atléticas y fuertes.

Las Van Buren pilotaban aviones, cabalgaban, sabían boxear, patinaban e incluso participaron en una carrera anual de motos desde Nueva York hasta Poughkeepsie, el norte de la ciudad, en vísperas de Año Nuevo.
De baja estatura, Augusta, de 32 años, y Adeline, de 27, eran duras. Tenían que serlo para intentar un viaje tal a bordo de un par de motocicletas Indian Powerplus, máquinas pesadas y poderosas capaces de alcanzar 95 kph (60 mph), sin freno delantero.

Vestidas de cuero, las Van Buren enfrentaron tormentas, inundaciones y prejuicio durante el viaje, además de que fueron arrestadas varias veces por lucir ropas de hombre.

(Tomado de http://sipse.com/mundo/hermanas-que-se-volvieron-un-hito-del-movimiento-feminista-212046.html)

viernes, 13 de febrero de 2015

San Valentín, !! una fiesta que también es feminista!!

Manifestación en Madrid con motivo del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo / Gaelx 

Desde hace semanas los escaparates de los comercios, los anuncios publicitarios y los locales de ocio exhiben reclamos y ofertas para recordar que San Valentín se acerca. "Demuéstrale cuanto le quieres"; "Regálale su sueño"; "Sorprende a tu pareja". El día del amor por excelencia se ha convertido en una fecha señalada en el calendario, pero ¿qué tipo de amor?

Asociaciones y colectivos feministas aprovechan la jornada para señalar que los mitos del amor que proclama San Valentín –amor romántico, ideal y sin condiciones– pueden fomentar relaciones en las que se perpetúa la dominación, el sometimiento y, en última instancia, la violencia. Así lo declaran las chicas de Manada Insumisa, un colectivo feminista que este sábado saldrá a la calle para celebrar una  manifestación en Madrid bajo el lema "Patriarcado asesino". La idea es denunciar que "es el sistema de dominación el que sustenta la violencia de género".

Para esta organización, "romper con el ideal de amor impuesto" por la sociedad puede tener efectos sobre el machismo que "fomenta muchos de los asesinatos de mujeres que llevamos a nuestras espaldas", explica Silvia, una de sus integrantes. Por eso en la manifestación recordarán a "las 102 mujeres asesinadas en 2014" –el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad contabiliza 53–. La diferencia en el recuento radica en que la estadística oficial "solo reconoce la violencia de género en el seno de la pareja". Según el colectivo Manada Insumisa "hay mujeres que, pese a no tener vinculación con el asesino también son víctimas del machismo".

Visibilizar la violencia

La marcha ha sido organizada por distintos grupos como Brigada 13N, Asamblea Feminista Panteras, Asamblea Feminista BDP, Mantys y Manada Insumisa, entre otros, además de por multitud de personas a título individual que se han sumado a la causa. "Eres mi media naranja", "lo daría todo por ti", "el amor verdadero lo aguanta todo". La acción pretende evidenciar que son estos los tópicos "que implican que la mujer se desviva por su hombre y aprenda a soportar situaciones de abuso y malestar desde pequeña", sostiene Silvia.
Aprovechar San Valentín para denunciar el vínculo que existe entre amor romántico y violencia genera más visibilidad
En Barcelona han convocado  una manifestación el día 14 con la que pretenden trasladar a la sociedad la misma idea. El lema de la marcha es "Paremos el feminicidio. Basta de violencias machistas". Este es también el objetivo de la campaña  One Billion Rising ("Mil millones se alzan", en inglés), una cita global que se celebrará el sábado en cientos de países. Un evento festivo que mediante bailes, performances y música quiere denunciar las situaciones de violencia contra las mujeres.

En España, varias ciudades como Valencia, Santiago de Compostela, Girona o Palma de Mallorca se unen a la acción. "Volvemos a situarnos en contra del maltrato a mujeres y niñas en las diferentes culturas. Es una llamada a la justicia y una invitación a que las mujeres se liberen de la vergüenza, la culpa y la humillación", explican desde One Billion Rising Valencia, que realizarán un flash-mob al que ya hay 300 personas apuntadas.

Aprovechar San Valentín para denunciar el vínculo que existe entre amor romántico y violencia genera más visibilidad, apuntan desde Feminicidio.net, que apoya la manifestación madrileña. Graciela Atencio, una de sus integrantes, sostiene que "es necesario generar nuevos discursos en torno al amor no vinculado a la posesión y a la propiedad". 

En palabras de Kate Millet, escritora y activista de referencia para el movimiento feminista, "mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. El amor entre seres libres es otra cosa".

Foto: de flickr. Autora: Gaelx

Euskal Herria: Vamos hacia la soberanía feminista

Sabemos que la globalización, la libre movilidad del capital, las políticas económicas neoliberales y la crisis económica y social han precarizado totalmente la situación socioeconómica de la sociedad. Estamos inmersas en un importante proceso de cambios en el que el capitalismo se está refundando en su versión más cruda. Así, estamos ante transformaciones de las viejas instituciones de la modernidad y de sus relaciones sociales, y del imaginario colectivo que éstas producen. Aumenta la brecha entre ricas y pobres, y de esta manera se incrementa la competitividad social. En esta carrera las trabajadoras mujeres, migrantes, trans, presas, las que tenemos diversidad funcional no estamos en el bando de las ganadoras.

 La reinvención del sistema patriarcal que vivimos conlleva que cada vez se toman más lejos las decisiones que condicionan nuestras vidas, siempre bajo los intereses del poder económico. Están logrando imponernos todas sus reformas estructurales criminalizando la lucha social, castigando la solidaridad y con una gran militarización. Los sectores ultraderechistas que están en el poder se refuerzan y retroalimentan con un sinfín de mecanismos de explotación.

El sistema patriarcal y capitalista nos ha traído hasta aquí a la fuerza. Pero es el momento de romper las normas, de crear, de construir, de inventar, de hacerle frente al miedo. Es el momento de aprovechar la oportunidad de cambio que vivimos en Euskal Herria, sosteniendo la cuerda del feminismo y tirando fuerte de ella. Tenemos la capacidad y la oportunidad. Tenemos que direccionar el cambio, es el momento de avanzar en el camino de una transición feminista para nuestro pueblo.

Hoy, que vivimos una grave situación socioeconómica, que es cada vez más difícil desarrollar una vida digna, seguiremos trabajando por unas condiciones de vida dignas, pero al mismo tiempo, nos urge seguir profundizando en la conceptualización y en la práctica sobre el buen vivir y una vida digna.

¡Vamos hacia la soberanía feminista de Euskal Herria! Vamos a lograr el reconocimiento social de los trabajos de cuidados y a superar la división sexual del trabajo. A repartir los trabajos domésticos y a colectivizar los procesos de sostenimiento de la vida. Así lograr un reparto justo y paritario del tiempo, creando los tempus que nos permitan satisfacer nuestras necesidades y deseos. Vamos: A enfrentar las políticas que tienen como objetivo el control de nuestros cuerpos, creando mecanismos para vivirnos en cuerpos libres, diversos, cambiantes.

Vamos: A mostrar el daño que produce este modelo de familia, de relaciones, y estas identidades hegemónicas. A romper los binomios de sexo, género y sexualidad y a reinventar nuevas identidades colectivas e individuales. Cuestionando la heteronorma y la familia nuclear, y a visibilizar otros modelos de convivencia y de relación, sabiendo que éstos son dinámicos.

Vamos: A crear herramientas para enfrentar la violencia sexista, sabiendo que es la mayor baza del sistema patriarcal, haciendo propuestas en organismos públicos, tejiendo nuestra red e impulsando la autodefensa feminista. Y para ello, para llevar a cabo nuestra revolución, tenemos que seguir creando sujetos políticos partiendo de las diversas opresiones que vivimos (sexo-género, clase, cultura-raza, edad...). Necesitamos sujetos políticos diversos que se articulen y alíen para desarrollar una práctica feminista contundente.

La transición feminista está en marcha. Para seguir caminando, la red que hemos creado durante tantos años, la que mostramos en Ondarroa, no puede detenerse. La soberanía feminista individual y colectiva es nuestro norte. No dibujamos esta soberanía como algo estático e inamovible, sino como un proceso dinámico y que cambiará según el momento. Es un proceso de lucha, de construir alternativas y de identificar nuevas reivindicaciones. Es nuestro deseo y el camino que transitaremos para cumplir nuestros objetivos.

Cada una aportará desde su lugar, desde su preocupación y motivación, pero tenemos que marcarnos objetivos comunes. Tenemos que constituir un liderazgo feminista fuerte. Ha llegado la hora de multiplicar las fuerzas y luchar juntas. Todas somos necesarias. Algunas quieren crear un estado feminista, otras hablan de una alianza estratégica del movimiento feminista, pero todas queremos avanzar en la transición feminista de nuestro pueblo. En este camino, creemos que es necesaria la puesta en marcha de un espacio feminista permanente en un corto plazo de tiempo. Para trabajar sobre consensos a largo plazo, para definir direcciones, para tomar decisiones y para ganar incidencia política.

Es el momento de aliarnos. De tejer una red feminista diversa, amplia y sólida, tejida en el reconocimiento mutuo y en la alianza. Que parta de las múltiples estrategias que componen el Movimiento Feminista, porque solo lograremos la soberanía feminista de Euskal Herria mediante la complementación de las mismas. Construiremos estas alianzas desde los acuerdos y las desarrollaremos también desde los desacuerdos. Serán alianzas puntuales y alianzas estratégicas que articulen a quienes procedemos de un origen, una generación, una disciplina o una cultura política distinta.

Vivimos un momento histórico. Tenemos más opciones que nunca para el cambio, y para que éste sea de raíz, para construir la soberanía feminista de Euskal Herria. Las feministas seremos dueñas del poder y lograremos capacidad e incidencia política: vamos a pasar del contra-poder al poder. Necesitamos el reconocimiento del Movimiento Feminista como interlocutor político y social para poder condicionar e incidir en el mapa político, en todas las decisiones que se están tomando a expensas de nosotras. Podemos lograr esto en un corto plazo poniéndonos objetivos y estrategias comunes. ¡Vamos hacia la soberanía feminista de Euskal Herria!



sábado, 7 de febrero de 2015

Venezuela: Gobierno apuesta a la organización sectorial de las mujeres para consolidar una plataforma unitaria


(Caracas, 6 de febrero. Prensa MinMujer) - La ministra del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, Andreína Tarazón, señaló este viernes en el estado Portuguesa que el Gobierno Bolivariano, “apuesta a la organización sectorial de las mujeres para consolidar una plataforma unitaria”, dado que actualmente en Venezuela están dadas las condiciones para promover una agenda política direccionada a la defensa de los derechos de la mujer.


Esta afirmación la realizó la titular del Despacho para la Mujer, durante el “Encuentro de Comuneras y Campesinas Rumbo al Congreso Venezolano de las Mujeres”, el mismo que se realizará el próximo mes de marzo en la ciudad de Caracas.

En la asamblea donde participaron más de mil mujeres provenientes de los estados Barinas, Trujillo, Cojedes, Yaracuy, Carabobo, Lara y Portuguesa; destacó la importancia de la participación de las mujeres en estos espacios para el debate que permitirán “la construcción del socialismo feminista en lo concreto, que transforme la vida de las mujeres”.

Invitó además a las participantes a realizar un balance histórico de los objetivos alcanzados hasta ahora en el Gobierno del Comandante Chávez y continuados por el Presidente Nicolás Maduro. “Ese diagnóstico nos ayudará a avanzar hacia los grandes retos, sobre todo en la eliminación de la violencia contra la mujer”, dijo.

Asimismo llamó a las mujeres a la organización que “permitirá la ruptura definitiva del techo de cristal y así avanzar hacia los cargos políticos que incorporarán al Movimiento Feminista en los grandes temas neurálgicos del país”.

En la actividad estuvo presente el ministro para las Comunas y Movimientos Sociales, Elías Jaua, quien ratificó el trabajo articulado y continuo como un solo gobierno para el diseño de planes y programas en beneficio de las mujeres venezolanas.

Como parte de los ataques económicos que recibe Venezuela por parte de la derecha nacional e internacional, indicó que las mujeres juegan un papel fundamental. “Las mujeres son punta de lanza en esta batalla, tienen la responsabilidad de fomentar los valores de la Patria, en los hogares deben cultivar los valores del amor y lucha por la Patria.

Foto: Prensa MinMujer
Foto: Prensa MinMujer
Foto: Prensa MinMujer

Por qué los indígenas Embera quieren erradicar la ablación genital femenina

En el día internacional en contra de la mutilación genital femenina
En el día internacional en contra de la mutilación genital femenina, El Espectador habló con uno de los líderes de esta comunidad, quien trabajó por más de tres años en la sensibilización de sectores de esta población para suprimir dicha práctica de sus costumbres. 
Por qué los indígenas Embera quieren erradicar la ablación genital femenina 
Foto: AFP
 La perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital de las mujeres, es para muchas comunidades –en especial en África- una práctica que, aunque no está documentada en escritos religiosos, representa desde hace décadas un acto cultural profundo. En algunos grupos, tal como explica la Organización Mundial de la Salud (OMS), “a veces ha comenzado como parte de un movimiento más amplio de resurgimiento religioso o tradicional”. No obstante, la ablación o mutilación genital femenina, como se conoce esta práctica, es considerada mundialmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas, sumado a las graves complicaciones físicas que conlleva.

Según datos de Unicef, la mutilación genital femenina se concentra en una franja de 29 países de la costa del Atlántico hasta África, con amplias variaciones en su prevalencia. Señalan las investigaciones de ‘Monitoreo de la situación de niñas y mujeres’ de esta organización que “la práctica es casi universal en Somalia, Guinea, Djibouti y Egipto, con niveles superiores al 90%, mientras que sólo afecta a un 1% por ciento de las niñas y las mujeres en Camerún y Uganda.
Quistes, esterilidad, hemorragias, infecciones versicales y urinarias, son algunos de los efectos colaterales de la ablación, una práctica que se realiza, en su mayoría, a niñas en edad temprana, entre los 2 y los 15 años. Sin embargo, pese a los daños a la salud que entidades como la OMS se han esmerado en hacer visibles, la mutilación genital no ha sido una práctica fácil de erradicar frente al dilema que representa modificar las costumbres culturales arraigadas de muchas comunidades.

Ablación en Colombia



Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente en vida han sido sometidas a la ablación genital femenina, tan solo en África y Yemen, según cifras de UNICEF; datos que no comprenden una documentación de los casos en otros países fuera de África, como lo es Colombia donde la mutilación genital fue aprendida.

La práctica en el país fue conocida en 2007 a raíz de la muerte de dos niñas indígenas que fallecieron a causa de una infección derivada de la remoción de su clítoris en Pueblo Rico, Risaralda. Para la fecha se pudo visibilizar la ablación en Colombia y se pudo identificar que se practicaba en ciertos sectores de la comunidad indígena Embera, que se encuentra dividida en una extensa parte del territorio nacional.

La muerte de las menores permitió que organizaciones como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) determinara que el país es el único en Latinoamérica donde aún se realiza la mutilación genital.

El Espectador habló con Alberto Wuazorna Bernaza, consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), y miembro de la comunidad Embera Chamí, quien explicó su visión de esta práctica siendo parte de esta población.

Cuenta Wuazorna que el hecho de que se descubriera el tema en el país no fue una sorpresa sólo para Colombia, también para líderes de la comunidad Embera que no conocían que esta práctica se realizara en ciertas zonas de su comunidad. “Cuando descubrieron este tema en Risaralda organizaciones nacionales e internacionales empezaron a bombardearnos a las organizaciones indígenas en Risaralda en búsqueda de respuestas. Se notaba que era algo muy delicado, pero desconocido para nosotros, algo nuevo para las comunidades indígenas desde el ámbito político y organizativo del cabildo mayor o el Consejo Regional Indígena de Risaralda (CRIR) y con lo que la mayoría no estábamos de acuerdo”, relata Wuazorna, quien destaca que se trató de tiempos difíciles pues se enfrentaban a un tema del que no tenían manejo y por el que fueron señalados como “animales, como salvajes y personas que no eran desarrolladas”.

Tres años de acciones en Risaralda

Durante tres años el CRIR en compañía de entidades nacionales e instituciones como Naciones Unidas iniciaron un proyecto que permitiera localizar y acceder a zonas donde la mutilación genital era una práctica habitual. El trabajo no fue fácil, se trataba de una acción que correspondía a la intimidad femenina, por esto hablar de ello a viva voz representaba un obstáculo para poder sensibilizar de los efectos negativos de la remoción del clítoris en menores.

“En esos años nos tocó hacer mucho trabajo con docentes, indígenas, enfermeros, gobernadores veredales y autoridades mayores. El tema más importante era con las parteras, porque esto es manejado solo por ellas, era algo muy privado y un tema exclusivo de las mujeres. Al poder llegar a ellas pudimos ir avanzando para poder socializar el tema y que la no realización de estas prácticas fueran conocidas como una política”, señala Wuazorna.
“La causa del movimiento indígena se basa en principios como la vida, el respeto, el derecho y la hermandad. Descubrí que esta situación tan difícil golpeaba a nuestras niñas y poder entrar a actuar en este tema fue una gran experiencia, pese a lo complicado de trabajarlo”, añade el líder indígena, quien resalta que se lograron avances en ciertas zonas de Risaralda donde la ablación ya no se realiza.

Pese a que la Defensoría del Pueblo indica que en los últimos 8 meses no se registraron casos de ablación o mutilación genital femenina en las comunidades indígenas de Risaralda, Alberto Wuazorna reconoce que aún hay que trabajar en el tema, pues indica, un proyecto de tres años no es suficiente para llegar a todos los Embera, constituidos por más de 250 mil miembros. “Es necesario hacer un llamado para que el Gobierno se apropie de un proyecto macro planteado por la Nacion Embera que busca avanzar en este trabajo contra la ablación”.

El ICBF llama a unir fuerzas



Cristina Díaz, asesora de la dirección de familia de comunidades para temas étnicos del ICFB, indica que la mutilación genital sigue vigente en Colombia pese a que el Instituto Colombiano del Bienestar Familiar ha emprendido distintas acciones para sensibilizar a sectores indígenas cuidando no violentar su cultura.

Es así como junto a la ONIC, el UNFPA y el ICBF se emitió en 2012 el mandato de los pueblos en el que las autoridades indígenas se comprometían a erradicar la ablación. “Este acuerdo fue un éxito y suena muy bonito, pero en la realidad, la implementación de éste es mucho más complejo”, resalta Díaz, quien añade que al hablar de ablación en el país se ha caído en la revictimización de las mujeres de la comunidad indígena al estigmatizarlas.

Derechos sexuales, salud, entre otros temas, han sido los asuntos tratados en las comunidades en las que se ha visto algunos avances. De hecho, el ICBF adelanta un proyecto en el que se buscaría crear una marca al momento de la distribución de artículos, en su mayoría hechos por indígenas, con la que se financiaría acciones en contra de la mutilación genital, un plan que aún está en proceso de desarrollo.

Pero pese a dichos esfuerzos, Cristina Díaz insta a distintas entidades del Gobierno a recibir más apoyo. “Es importante la acción de muchos sectores, sería por ejemplo vital que el Ministerio de Cultura también hiciera un revisión del tema a través del enfoque cultural y poblacional para determinar cómo abordar este tipo de temas. La ablación es así mismo un asunto de mortalidad infantil y en este punto el ministerio de salud podría ayudar en la documentación de casos que nos permitan tener cifras para trabajar en el país; y de la misma forma el Ministerio de Educación podría jugar un papel en la prevención y acciones pedagógicas”, recalca Díaz, quien apunta que “solo estamos viendo la punta de iceberg” en el tema de la mutilación genital en Colombia, donde tal como señala el líder Embera, Alberto Wuazorna, “nos enfrentamos a un tema de siglos, un proceso de más de 200 años que no podemos pretender desaparecer en tres”.


dfranco@elespectador.com


miércoles, 4 de febrero de 2015

Olga Crespo: "Un gobierno sin mujeres no es justo desde su formación" . Entrevista

Hablamos con Olga Crespo (Madrid, 1961). Olga ha sido militante del "Colectivo Feminista de Mujeres de Vallecas", actriz y es educadora infantil. Hablamos con ella sobre el papel de las mujeres en los nuevos gobiernos y en concreto en la esperanza de Syriza y la paradoja de la "austeridad de género".

Olga Crespo: "Un gobierno sin mujeres no es justo desde su formación"  Diario Progresista: ¿Qué piensas del nuevo gobierno de Grecia donde no hay mujeres?

Olga Crespo:
Tras la celebración y la alegría colectiva el día que Syriza ganó las elecciones frente a la Troika y el neoliberalismo salvaje hemos recibido con disgusto y desasosiego la noticia de que ninguna mujer forme parte del nuevo gobierno constituido por Tsipras.

Un gobierno sin mujeres nace triste, injusto. Las mujeres formamos por lo menos el 50 % de la sociedad y por lo tanto queremos formar parte del gobierno en paridad. La sociedad está formada por hombres y mujeres y ambos necesitan ser representad@s. Pero seguimos siendo una “minoría cualitativa” para algunos políti@s. Pedimos un empoderamiento de la mujer en cada sociedad y en el ámbito público y privado. Un gobierno europeo sin mujeres impide el avance de una sociedad del siglo XXI.

D.P: ¿Crees que esa situación es extrapolable a la realidad española?

Olga Crespo:
Por supuesto que no. En Grecia en estos momentos lo más importante para los ciudadan@s que se están cumpliendo las promesas sobre necesidades básicas, vitales y urgentes. No hemos escuchado críticas en cuanto a la formación del nuevo gabinete. En cambio sí se ha tenido en cuenta que los miembros del gobierno han jurado la Constitución sin cruz y sin autoridad eclesiástica. Y, por otro lado, actualmente en ese país existe una ausencia de debate sobre temas como feminismo, sexismo y género, propiciándose pactos con la derecha religiosa.

En España la situación social, aunque crítica, no ha llegado a los extremos de precariedad de nuestros vecinos griegos. Y aunque el movimiento feminista que emergió en los años 70 como base de un marco de desarrollo inclusivo, transformador y sostenible no ha dado siempre el resultado esperado, es esencial continuar buscando medios alternativos para promoción, defensa y participación, utilizando más eficazmente los medios de comunicación, sociales y políticos. Llevando a primer plano las voces de activistas de base, de las transfeministas y las precarias que en gran medida aún están excluidas de los procesos de negociación.

D. Progresista: ¿Crees que el PRIMER MINISTRO debería recoger el tema de los derechos LGTB y no pedir opiniones médicas?

O.C:
Un gobierno con un pensamiento heterocentrado y heterosexista perpetúa conductas machistas y excluye no a uno sino a diversos sectores de la población. La visibilidad del colectivo LGTB en la sociedad, incluyendo el derecho a vivir la vida que uno quiera de un modo distinto una supuesta mayoría es imprescindible en un país que defienda los derechos de tod@s.

D.P: ¿Sabes algo sobre las mujeres en la sociedad griega?

O.C:
Agradezco que me hagas esta pregunta. Como actriz que soy me siento en la obligación de recordar desde aquí a Melína Merkoúri, alcaldesa de Atenas. Ella fue actriz, cantante y activista política griega. Fue miembro del Parlamento Helénico y, en 1981, se convirtió en la primera mujer en Grecia en ocupar el puesto de Ministra de Cultura.

En la actualidad miles de mujeres forman parte de la sociedad griega desde el campo, las fábricas, universidades, asociaciones, administraciones…

El nuevo Gobierno ha propuesto a una mujer, Zoí Konstantopoulou, como presidenta del Parlamento. Pero ello no es suficiente. Pues si la mujer griega ha desafiado al poder desde las huelgas, ha luchado, militado, etc, es prioritario que se cuente con ella para temas que definirán el futuro de ese país.
 
(Tomado de http://www.diarioprogresista.es/olga-crespo-un-gobierno-sin-mujeres-no-es-justo-desde-su-60373.htm)


sábado, 31 de enero de 2015

Venezuela: Preparan propuestas para Congreso Nacional de Mujeres

 
Continuarán recorriendo todos los municipios de la entidad para sumar peticiones de todos los sectores donde las féminas hagan vida activa, con la finalidad de fortalecer a la revolución

El próximo ocho de marzo, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), llevará a cabo el Congreso Nacional de Mujeres, es por ello que este viernes 69 colectivos feministas que hacen vida en la entidad se reunieron junto a la secretaria de estado, Caryl Bertho, y la secretaria de la mujer, Maigualida Gutiérrez, para instalar cinco mesas de trabajo con la finalidad de preparar un documento que presentarán en la reunión en Caracas.

Gutiérrez aseveró que todas las ideas serán consideradas para consolidar el rol feminista dentro de la revolución, “porque somos un bloque en el cual se fundamenta la patria que heredamos del presidente Chávez”.

Dentro del rol protagónico e histórico que a juicio de Gutiérrez las madres han tenido en la construcción de la sociedad venezolana, indicó que ahora en medio de esta guerra económica, el movimiento feminista lo enfrentará para acabar con la conspiración que consideró está siendo articulada por la “derecha nacional e internacional”.

En su participación, la secretaria de Gobierno, Caryl Bertho, aseveró que están trabajando para fortalecer la línea de la revolución en cuanto a la participación de la mujer como referencia en la construcción de la patria socialista. Hasta ahora destacan 24 propuestas que en material social han realizado sobre las mujeres, pero continuarán visitando los municipios para conocer y reconocer a todos los sectores donde hagan vida las féminas, “nadie quedará por fuera”.

Juan Carlos Barone
jbarone@elperiodiquito.com
Fotos David Otamendi

jueves, 29 de enero de 2015

¿Tienen que desnudarse las artistas para que hablen de ellas?

Guerrilla Girls celebra 30 años de activismo feminista en Madrid. En el Reina Sofía, Carla Zaccagnini denuncia un mundo cultural dominado por hombres.

 
 
Una mañana del mes de marzo londinense a comienzos del siglo pasado, una mujer menuda irrumpe en una sala de la National Gallery, se aproxima silenciosa al lienzo La Venus del espejo, de Velázquez, lo observa detenidamente, extrae un hacha de cocina escondido en su abrigo y en pocos segundos lo golpea incesantemente hasta rajarlo.

La historia de Mary Richardson se escucha junto a otras en el audiófono que forma parte de la magnífica instalación Elements of Beauty: a Tea-Set is Never Only a Tea Set, de la artista Carla Zaccagnini, incluida en la exposición colectiva Un saber realmente útil en el Museo Reina Sofía. Con ella, la artista reflexiona sobre la representación de la mujer a lo largo de la historia en un exhaustivo trabajo de investigación que parte de los ataques que las sufragistas ejecutaron entre 1913 y 1914 a diferentes cuadros de la historia del arte que denigraban simbólicamente a la mujer, imágenes asumidas a lo largo de los siglos por la imperante mirada masculina. La instalación, compuesta por los 29 huecos de los cuadros que aquellas pioneras en la lucha por los derechos de la mujer atacaron, es un ejercicio de imaginación y memoria al servicio del espectador con el que la artista construye un discurso sobre las relaciones entre belleza y violencia.

La escasa importancia que han tenido las mujeres y otras minorías en el relato oficial también forma parte de nuestra historia. Las mujeres, vinculadas casi siempre al entorno doméstico, han tenido que pelear por hacerse visibles en el espacio público, desestabilizando la mirada omnipresente del patriarcado para desmontar las concepciones de “genio” otorgado exclusivamente al hombre occidental, blanco, heterosexual y de clase media.

Sin olvidar que, en muchos casos, las mujeres han sido consideradas primero musas inspiradoras y luego artistas, como lo fueron Georgia O’Keeffe, Frida Kahlo, Anni Albers o Lee Krasner, que, por no ser, no fue ni musa, sino una aguerrida defensora de la obra de su marido, Jackson Pollock. Y es que gracias a muchas de ellas, como Johanna Van Gogh —cuñada del artista holandés—, nos ha llegado, impoluto y cuidado, el legado de la obra maestra para la formalización del relato oficial. Recordemos también a aquellas que estuvieron allí junto a ellos, aunque desenfocadas o fuera de cámara, ignoradas y en segundo plano: en las surrealistas noches toledanas junto a algunos de los insignes alumnos de la Residencia de Estudiantes, como Maruja Mallo; las que se divirtieron en silencio en el Cabaret Voltaire, como Sophie Taeuber-Arp, o las que se entregaron concienzudamente al proyecto de la Bauhaus, como Gunta Stölzl. Y están ellas, las “diferentes”, las que ni siquiera necesitaron ir acompañadas de hombres, esas que se asentaron al otro lado del Sena en el París de entreguerras convertido en capital de la vanguardia y que la historia ha denominado como las mujeres de la otra orilla —Natalie Barney, Romaine Brooks o Tamara de Lempicka—.

Como vemos, la historia sí tiene su genealogía feminista, como apuntaron los comisarios e investigadores Juan Vicente Aliaga y Patricia Mayayo en una gran exposición realizada en 2012 en el Musac, sus nombres propios y su lucha colectiva. Y en esta constelación de interconexiones, partimos de las sufragistas como uno de los primeros colectivos de activismo feminista que utilizaron no sólo el espacio sacro del museo como el lugar de la protesta, sino que hicieron del uso del cartel el arma arrojadiza de su lucha, como después harían las Guerrilla Girls irrumpiendo en la escena del arte neoyorquino a mediados de los ochenta con el ya mítico póster que rezaba: “¿Tienen que desnudarse las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum? Aunque menos del 5% de los artistas de las seccionesdedicadas al arte moderno son mujeres, el 85% de losdesnudos son femeninos”.


Este colectivo de feministas estadounidenses celebrasus 30 años de activismo con una gran muestra en Matadero, Guerrilla Girls 1985-2015, comisariada por Xabier Arakistain, que reúne más de una veintena de carteles con los que cuestionan no sólo la desigualdad de la mujer en esta sociedad falocrática, sino las sangrantes diferencias en sectores supuestamente más liberales, como es el del propio sistema del arte. Estas creadoras, que cubren sus rostros con máscaras de gorilas para mantener el anonimato y se hacen llamar por el nombre de artistas fallecidas, se centran en la dimensión política de su práctica para señalar las injustas jerarquizaciones sociales. Ya en 1971 la profesora Linda Nochlin se preguntaba por la inexistencia de grandes mujeres artistas en el célebre artículo publicado por la revista Art News ‘¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?’. A partir de este texto fundamental de la crítica de arte de orientación feminista se abría una línea de investigación que pretendía demostrar cómo la presencia de mujeres artistas se había visto silenciada sistemáticamente por la historiografía dominante, coincidiendo, además, con la profunda renovación del movimiento feminista.

Las Guerrilla utilizan la estadística en sus reivindicativos carteles y otros documentos que conforman el contexto en el que llevan a cabo sus procesos de producción. Y lo advierten con punzante ironía en uno de ellos centrado en remarcar las ventajas de ser mujer artista, entre otros: “Saber que tu carrera profesional puede repuntar cumplidos los ochenta años. Tener la garantía de que, no importa el tipo de arte que hagas, se etiquetará siempre como femenino. Tener la oportunidad de elegir entre una carrera profesional y la maternidad o no tener que pasar por el bochorno de que te llamen genio”. La muestra de estas feministas asentadas en el maistream oficial, por otra parte, visibiliza la controversia que supone la lucha por la aceptación de la desigualdad desde la propia institución que las cobija para hacer visible desde ella los puntos ciegos del sistema.

“Pero, sobre todo, el trabajo de Guerrilla Girls”, señala el comisario de la exposición, “nos recuerda que los diferentes objetivos políticos planteados por el feminismo de finales de los sesenta no se han alcanzado aún y nos invitan a continuar la lucha para conseguirlos. En este sentido, el cartel de 1988 Until Feminism has Achieved Its Goals, There is no Post-Feminism (hasta que el feminismo no haya alcanzado sus objetivos no habrá posfeminismo) es una firme declaración de intenciones”.

La teoría feminista va íntimamente unida al feminismo como movimiento social que opera transformando la sensibilidad ante determinados fenómenos de desigualdad, sin olvidar que todo activismo pertenece a una genealogía de resistencia micropolítica que pasa por las sufragistas, las WomanHouseProject o las Pussy Riot.

Las lecturas feministas desde el arte son muy diversas, dos ámbitos han centrado fundamentalmente su atención: el estudio de las mujeres en las artes plásticas y la investigación sobre las mujeres artistas ignoradas. Y junto a estas teorías existen otras insertadas en los discursos de género que reconstruyen y descategorizan los estereotipos, como el trabajo de Cabello/Carceller, que emergen en el panorama del arte español en los noventa y centran su práctica en interrogar sobre los modos de representación hegemónicos en las prácticas visuales a partir de la teoría de género, tomando como referencia los dictados de Judith Butler en el ámbito de la crítica feminista. Y ellas serán, conlos artistas Pepo Salazar y Francesc Ruiz junto al comisario Martí Manen, quienes representarán a España en la próxima edición de la Bienal de Venecia, pero, una vez más, bajo la sombra de un genio: Salvador Dalí, sin Elena Ivanovna Diakonova, Gala.


Guerrilla Girls 1985-2015. Del 30 de enero al 26 de abril. Matadero Madrid. Un saber realmente útil. Hasta el 9 de febrero. Museo Reina Sofía. Madrid.

(EL PAÍS)

miércoles, 14 de enero de 2015

“La construcción del patriarcado capitalista”: Entrevista a Silvia Federici

«La cuestión de la reproducción es esencial no solo para la organización capitalista del trabajo, sino para cualquier proceso genuino de transformación social»


Silvia Federici (1942, Parma, Italia), escritora, profesora y activista feminista estadounidense, se sitúa en el movimiento autónomo dentro de la tradición marxista. Es autora de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria y de Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, ambas publicadas por la editorial Traficantes de Sueños. Silvia Federici pertenece a un grupo de pensadoras que rechazan firmemente la idea de que patriarcado, trabajo doméstico y desigualdad de las mujeres se sitúen “fuera” del capitalismo.

Federici plantea en esta entrevista que el trabajo doméstico de las mujeres es en realidad un conjunto complejo de actividades que contribuyen a la reproducción de la fuerza de trabajo para el capital, y de las cuales el capital se beneficia porque se trata de un trabajo no remunerado. Además, Federici comenta los mecanismos mediante los cuales se impuso esta condición a las mujeres durante el periodo en el que tuvo lugar la acumulación primitiva mediante la violencia y la exclusión social, y no como continuación natural de una relación previa. Publicamos esta conversación entre la autora y Tesa Echeverria y Andrew Sernatinguer, publicada en Marxismo Crítico.

Tesa Echeverria (TE): ¿Háblanos un poco de ti? ¿Cómo te implicaste en la lucha feminista y cómo te convertiste en escritora?

Silvia Federici (SF): Me impliqué en el movimiento feminista en la década de los setenta porque, como muchas mujeres de mi generación, compartíamos un sentimiento de frustración ante nuestras perspectivas de una vida dedicada al trabajo doméstico. A finales de la década de los sesenta, llegué a EEUU para trabajar en mi tesis. Participé en el movimiento estudiantil y pacifista, y sentí que estaba en un entorno muy masculino. La razón de mi implicación con el feminismo es mucho más profunda. Me crié en la época de posguerra en Italia. El impacto de segunda guerra mundial contribuyó a que se generara cierta desafección hacia la cuestión de la reproducción. La masacre provocada contribuyo a que nos resultara muy extraña la sola idea de idealizar la maternidad como lo hicieran nuestras madres. Por otra parte, por supuesto, Italia era una sociedad profundamente patriarcal. La influencia del fascismo fue muy fuerte, y el fascismo ensalzaba la maternidad y una imagen abnegada de la feminidad: la mujer se sacrifica por el bien común. Todos estos elementos provocaron mi entusiasmo inmediato por el movimiento feminista.

Andrew Sernatinguer (AS): Hay pocas feministas radicales economistas, y el pensamiento marxista se ha preocupado poco por el trabajo de las mujeres en particular. Se te conoce por tu defensa del “salario para el trabajo doméstico”, ¿podrías explicarnos en qué consiste y dónde radica su importancia?

SF: En 1972 leí un artículo de una economista italiana, Maria Dalla Costa, «El poder de la mujer y la subversión de la comunidad». En dicho artículo, Dalla Costa presentaba un análisis del trabajo doméstico que respondía a muchos de los interrogantes que yo me planteaba. Ella defendía, en contra del planteamiento dominante en la literatura tanto radical como liberal, que el trabajo doméstico y todo el conjunto de actividades esenciales para la reproducción de nuestras vidas, en realidad, constituyen un trabajo esencial para la organización del trabajo capitalista. Se trata de actividades que no solo producen comida o ropa limpia, sino que reproducen la fuerza de trabajo. Esto las convierte, en cierto sentido, en el trabajo más productivo del capitalismo. Sin él no podrían darse otras formas de producción.

El argumento me produjo una enorme impresión y, en el verano de 1972, viajé a Italia para conocer a Dalla Costa. Entonces, me impliqué en la fundación del International Feminist Collective [Colectivo Feminista Internacional] que lanzó la Campaña Salario para el Trabajo Doméstico. Constituía la puesta en práctica de ese análisis, que básicamente ponía de manifiesto la infravaloración del trabajo doméstico bajo el capitalismo y la invisibilidad de esas tareas porque no estaban remuneradas con un salario. Muchas feministas no veían con buenos ojos esta campaña porque consideraban que con ella se institucionalizaba el papel de las mujeres en el hogar.

Sin embargo, una de las cosas que pretendía la campaña era precisamente visibilizar el trabajo doméstico, plantear una redefinición de en qué consistía realmente esa forma de trabajo y concienciar a la sociedad en ese sentido. Queríamos poner de manifiesto que se trata de un trabajo esencial, fundamental, y no un servicio personal prestado a los hombres y a la prole. La reivindicación tenía también una dimensión económica importante, en el sentido de que veíamos cómo muchas mujeres se veían abocadas a una relación de dependencia con los hombres al no estar remunerado su trabajo. Ahí residía la raíz de las relaciones de poder, en los casos, por ejemplo, en los que las mujeres no podían abandonar una relación de abuso por su situación de dependencia. Esta condición de no asalariadas perseguía a las mujeres en todos los ámbitos, incluso cuando aceptaban un trabajo fuera del hogar. Para nosotras, ese trabajo no remunerado que acompañaba a las mujeres de por vida, explicaba indudablemente las condiciones a las que se enfrentaban al trabajar fuera del hogar: salarios más bajos y en ocupaciones en su mayor parte entendidas como extensiones del trabajo doméstico.

Esa reivindicación nunca fue nuestro último objetivo, pero sí una manera de equilibrar las relaciones de poder entre mujeres y hombres, y entre las mujeres y el capital. Exigía analizar el salario en sí y a preguntarnos por ¿qué es el salario? Nos llevaba a superar a Marx. Para Marx, el salario oculta el trabajo no remunerado que realizan los trabajadores, pero él no acertaba a ver cómo además el salario ha sido utilizado para establecer jerarquías en el ámbito del trabajo, por razones de género, pero también raciales. Creíamos que el salario para el trabajo doméstico era un elemento desestabilizador que socavaba una división sexual-social del trabajo injusta y basada en la desigualdad. En cierto sentido, cumplía la misma función que en otro tiempo cumplieran las revueltas contra la esclavitud. Solíamos decir que había una importante diferencia entre la lucha por el salario de las personas esclavas y la lucha por unas mejores condiciones salariales de los trabajadores. Echaba por tierra toda una arquitectura social extremadamente poderosa capaz de dividir a las personas y naturalizar el hecho de que una inmensa cantidad de trabajo no estuviera remunerado.

Este era el objetivo y la lógica que sustentaban la campaña que, como ya he comentado, encontró la oposición de muchos sectores del movimiento feminista. En los últimos tiempos, sin embargo, he percibido un cambio en este sentido. Algo que creo que refleja tu pregunta. Hay un interés renovado por el tema que creo que guarda relación con el hecho de que treinta años después se ha desvanecido en buena medida la ilusión del potencial emancipador del trabajo asalariado fuera del hogar, que entonces albergaba el movimiento feminista.

TE: La lectura de los primeros ensayos recogidos en Revolución en punto cero en los que abordas el tema de la reproducción y en los que destacas hasta qué punto se trata de una forma de trabajo valioso, y cómo el salario para el trabajo doméstico constituye una herramienta para ponerlo de manifiesto, ha sido muy esclarecedora para mí.


SF: ¡Sí! De hecho titulé el primer ensayo del libro «Salarios contra el trabajo doméstico», porque para nosotras era evidente que los salarios para el trabajo doméstico eran a la vez salarios contra el trabajo doméstico. Las mujeres que se han rebelado contra el trabajo doméstico han padecido un enorme sentimiento de culpa. Nunca se han percibido a sí mismas como trabajadoras en lucha. Tampoco sus familias o comunidades las han visto como trabajadoras en lucha cada vez que han pretendido oponerse al desempeño de esas tareas; más bien se las ha visto como mujeres malas. Hasta ese punto ha llegado el proceso de naturalización. No te ven como trabajadora, sino que estás cumpliendo tu destino natural como mujer. Para nosotras la reivindicación del salario para el trabajo doméstico suponía cortar el cordón umbilical entre nosotras y el trabajo doméstico.

TE: Y, por abordar el debate de la economía doméstica. Muchos defenderían que el modo de producción capitalista consiste en acudir a un lugar de trabajo, vender su fuerza de trabajo, obtener un salario a cambio y se acabó. El trabajo doméstico queda fuera de esa definición. ¿Me gustaría saber qué opinas sobre esto?

SF: ¡Estoy absolutamente en contra! Ahí radica la razón por la que inicié el recorrido histórico recogido en Calibán y la bruja. Quería fundamentar tanto histórica como teóricamente que el trabajo doméstico no constituía un legado ni un resto de la era pre capitalista, sino una forma específica de relación social construida por el capitalismo. Es decir, que constituía una nueva actividad. El trabajo que realicé estaba orientado a mostrar cómo el capitalismo había construido la figura del ama de casa. Obviamente, esa construcción se produjo a lo largo de los distintos periodos históricos y en respuesta a distintas demandas. Arrancamos de los siglos XVI y XVII, cuando tuvo lugar la bifurcación de las actividades derivadas del trabajo, y que sentó las bases para que solo algunas de ellas fueran reconocidas como tal, con la implantación de la economía de mercado. Solo se valoraba el trabajo asalariado, y con ello se inició la desaparición de las actividades reproductivas remuneradas.

Ese fue el primer paso fundacional y fundamental. Obviamente, después, a lo largo del siguiente siglo y, en concreto, en el siglo XIX es posible rastrear toda una serie de políticas muy específicas. En Calibán y la bruja destaco que en Europa, llegado el siglo XVII, las mujeres habían sido expulsadas de la mayor parte de las ocupaciones que tenían fuera del hogar. Anteriormente, en la Edad Media, se las expulsó de los gremios, en cierto sentido equivalentes a las organizaciones de trabajadores que hoy conocemos. Al poco tiempo, ya solo accedían a actividades relacionados con el trabajo doméstico, como enfermeras, nodrizas, criadas, lavanderas, etc. A lo largo de los siglos XVI y XVII emergió de un modo muy concreto y preciso en términos históricos, una nueva forma de trabajo crecientemente invisibilizado. En la segunda mitad del siglo XIX, se aprecia una construcción también específica del ama de casa a tiempo completo y de clase obrera. Todo un conjunto de políticas –el inicio del “salario familiar”, la expulsión de las mujeres de las fábricas mediante distintas leyes de protección y la institución del matrimonio– demostraban esa tendencia. Es una larga historia que pone de manifiesto cómo el trabajo doméstico es una forma de trabajo que ha quedado subsumida bajo la lógica de la organización capitalista del trabajo. Lo cierto es que forma parte de “la cadena de montaje” productora de la fuerza de trabajo.


Marx nos habla de la reproducción de la fuerza de trabajo pero lo hace de un modo muy peculiar. Para él se produce a través del salario y la adquisición de mercancías por medio de ese salario. El trabajador consume las mercancías. Básicamente utiliza la paga para comprar comida y ropa; consume tales mercancías y se reproduce a sí mismo. En el cuadro que nos presenta Marx no hay ni rastro de ningún otro trabajo. Siempre he tendido a explicar este fenómeno basándome en que los tiempos de Marx eran los tiempos de desarrollo del capitalismo industrial, momento en que el empleo femenino alcanzó un punto álgido en las fábricas, sobre todo en el caso de las mujeres jóvenes. Quizá Marx se basara en esta mano de obra femenina industrializada, en aquella fase inicial del desarrollo industrial, para afirmar que el trabajo reproductivo era extremadamente escaso. Es una posible explicación que esgrimo para explicar su malentendido. Pero, obviamente, hay que profundizar mucho más para explicar la reproducción de la fuerza de trabajo en términos tanto cotidianos como generacionales.

A partir de la década de los años sesenta del siglo XIX, este trabajo se asignó definitivamente a las mujeres. Con la llegada del siglo XX, y posteriormente con la primera guerra mundial, tiene lugar un proceso que puede tildarse de producción concertada del ama de casa. El trabajo doméstico pasa a convertirse en una ciencia. Algo que se enseña en las escuelas a todas y cada una de las niñas. Entonces se emprendió también una campaña ideológica que convertiría el hogar en un centro de producción y de reproducción de la fuerza de trabajo. El argumento que defiende que el trabajo doméstico es esencial para el proceso de valorización del capital tiene una fuerte raigambre histórica.

AS: Algo fundamental en este sentido es que muchos marxistas se aferran a la teoría del valor como pieza esencial para entender el capitalismo y argumentar su crítica. Hablas de reproducción pero, si no me equivoco, en el Libro primero de El capital Marx solo dedica un par de páginas al tema, lo cual supone un reduccionismo similar al de afirmar que toda reproducción es a su vez producción. Me preguntaba si a tu defensa del salario familiar le corresponde una teoría del valor equivalente. Algo que permita entender de qué forma las mujeres contribuyen a la generación de plusvalía.

SF: La plusvalía es un producto social. En ningún caso es un producto que pertenezca a una persona o actividad concreta. Este aspecto desarrollado por Marx sigue siendo muy importante y válido. Bajo el capitalismo, la producción del valor nunca deriva de un lugar concreto sino que está determinado socialmente. En otras palabras, se trata de una “extensa cadena de montaje” (recurro al término en sentido figurado), necesaria para la generación de plusvalía. Obviamente, la plusvalía se genera al venderse en el mercado los productos del trabajo. Si tienes una fábrica que produce una docena de coches que no llegan a venderse nunca, no se genera plusvalía. Lo que pretendo decir con esto es que las actividades implicadas en la reproducción del trabajador asalariado forman parte de esa cadena de montaje: son parte de un proceso social que determina la plusvalía. Aunque no podamos precisar una relación directa entre lo que tiene lugar en una cocina y el valor que se genera, por ejemplo, con la venta de un coche o de cualquier otro producto, cuando contemplamos la naturaleza social de la producción de valor, se despliega una “fábrica social” más allá de la propia fábrica.

TE: Partiendo de esa idea, ¿cómo podría cambiar esa dinámica algo como el salario para el trabajo doméstico? ¿Entraría en una relación distinta la propia obtención de un salario?

SF: Para nosotras, el elemento definitorio de la Campaña Salarios para el Trabajo Doméstico era que contenía un elemento para la unidad entre las mujeres. No solo con respecto a las implicaciones que tendría en términos de una redistribución de la riqueza, que daría a las mujeres más poder y abordaría la cuestión de la relación de dependencia con respecto a los hombres, y, por tanto, cambiaría la relación entre hombres y mujeres, sino por su poder de cohesión. Lo primero que has de plantearte cuando formulas una reivindicación es si favorece la unidad, si te da más fuerza para la lucha, o si se trata de una reivindicación que acaba restableciendo o ahondando en las divisiones entre las personas. Salarios para el Trabajo Doméstico era una campaña por la unidad de las mujeres porque, en efecto, veíamos que una minoría de mujeres eran como hombres a todos los efectos prácticos desde su control del capital y como capitalistas, pero la mayoría de las mujeres del planeta que realizan el trabajo doméstico, sin embargo, están devaluadas, y muy a menudo dependen económicamente de los hombres tanto en casa como fuera de casa. De modo que para nosotras, esta reivindicación era prioritaria para lograr la unidad a la vez que visibilizaba el trabajo que estábamos realizando y ponía de manifiesto la devaluación del trabajo doméstico bajo el capitalismo. Para nosotras nunca fue algo del tipo: «Vale, llega un cheque a casa, pero todo sigue igual».

AS: Me gustaría detenerme un poco en este punto. Una cosa de la que me di cuenta al leer tus ensayos es que tomas una idea que por sí misma es muy sencilla, como el salario para el trabajo doméstico, pero a partir de ahí surgen muchas pequeñas distinciones y matices. ¿Podrías profundizar en ellos? Por ejemplo, decías que el salario para el trabajo doméstico debería provenir del capital, y que no defiendes que el trabajo doméstico pase a formar parte de la fuerza de trabajo asalariada. ¿Podrías hablarnos de la reivindicación del salario para el trabajo doméstico y cómo funcionaría? ¿Quiénes son sus agentes y cómo concibes que se “administre”?

SF: Se nos pidió muchas veces que explicáramos “el programa” pormenorizadamente, y nosotras siempre nos hemos resistido a ello. Somos conscientes de que, como en las prestaciones sociales y muchas otras formas de asistencia social, todos estos programas pueden organizarse y administrarse de muchas formas diferentes: pueden ser definidos de forma que unan a la gente, que la dividan, que creen jerarquías o que no las creen. La seguridad social, por ejemplo, se ha organizado de forma que queden excluidas las personas que hacen el trabajo doméstico. Puedes estar trabajando toda tu vida, pero en casa nunca tendrás seguridad social, salvo a través de tu marido, e incluso en ese caso ¡solo después de una relación de nueve años! Nos resistimos a entrar en temas específicos porque nos dimos cuenta de que en ese aspecto todavía teníamos que construir un poder social que nos permitiera cuestionar las políticas del Estado por la vía de la reivindicación del salario para el trabajo doméstico en los términos en los que lo habíamos concebido.

En otras palabras, vimos que podía organizarse algo parecido a lo que había sucedido con las prestaciones sociales, cuya estructura iba bastante en detrimento de las mujeres que las recibían. Siempre fuimos muy conscientes de la cuestión del poder social, «¿qué poder tenemos para luchar por ciertas reivindicaciones?». Siempre tuvimos claras algunas cosas: la primera, que tenía que el cambio tendría que venir del Estado, y no de los hombres de forma individual. Veíamos al Estado como representante del capital colectivo. La segunda, todo empresario se beneficia del hecho de que hay alguien en casa haciendo el trabajo doméstico, ya sean hombres, mujeres o niños-niñas. Éramos muy conscientes de que teníamos que hacer hincapié en que se trataba de salarios para el trabajo doméstico, no salarios para las amas de casa, ni salarios para las mujeres. Considerábamos que esta reivindicación tenía el potencial de desexualizar el trabajo doméstico y veíamos que podía satisfacerse de muchas formas, no solo por la vía monetaria, sino también con ayudas para la vivienda, por ejemplo.

Uno de nuestros argumentos es que para las mujeres, la casa es la fábrica; en ella tiene lugar la producción. Por tanto, esperamos ser pagadas por ello. Pero no queríamos luchar por el cuidado de los hijos de la forma en que muchas lo han hecho, viendo en las reivindicaciones de atención al cuidado de las criaturas una vía para liberar tiempo para trabajar fuera del hogar. Los salarios para el trabajo doméstico se podían obtener a través de un salario, pero también a través de todo un abanico de prestaciones y servicios que permitieran el reconocimiento de las actividades que se desarrollan dentro del hogar como un proceso de trabajo, y que las personas que lo realizan tiene derecho a tener tiempo libre fuera de él. De modo que nunca desarrollamos un plan de acción porque esperábamos obtener más poder antes de vernos verdaderamente implicadas en una negociación que abriera un mapa de posibilidades.

TE: Me gustaría pasar a otro tema y plantear la cuestión de la acumulación primitiva de la que hablas en Calibán y la bruja. Marx expuso cómo el capitalismo creció y obtuvo su acumulación originaria a través de la conquista, el robo y la esclavitud. En el libro expones tus ideas sobre la acumulación originaria, que se relacionan estrechamente con las de Marx, pero también guardan importantes diferencias. ¿Podrías explicarlas?

SF: La noción de acumulación primitiva fue elaborada por Adam Smith, de quien la tomó Marx para desarrollar sus propios argumentos. Marx explicó que para que se produjera el origen del capitalismo hubo un proceso previo de ordenamiento de algunas de las relaciones fundamentales y de acumulación de algunos de los recursos necesarios para que despegara el capitalismo. En concreto, era necesario separar a los productores de los medios de producción. Marx describe ese proceso como un periodo de acumulación primitiva, lo que equivale a decir, acumulación de tierra, trabajo y plata. En los siglos XVI y XVII tuvo lugar la conquista de una parte del continente americano y aquello trajo los recursos necesarios para impulsar la economía de mercado. En muchos lugares de Europa, empezando por Inglaterra y Francia, se inició el proceso de cercamientos que expropió a la mayoría del campesinado. Esto transformó progresivamente a una población de campesinos, granjeros, artesanos, etc., con cierto acceso a los medios de su reproducción, en poblaciones totalmente desposeídas y abocadas a trabajar por una miseria.

Lo que defiendo en mi libro es que la descripción que Marx hace de este proceso es extremadamente limitada. Probablemente él ve la importancia de la conquista colonial y de los cercamientos de tierras como esencial, pero lo que omite son otros procesos que, desde mi visión, son fundamentales para lo que se convertiría en la nueva sociedad capitalista. En concreto, Marx ignoró el papel de la caza de brujas, que fue una guerra en toda regla contra las mujeres; cientos de miles de mujeres fueron arrestadas, torturadas, asesinadas y quemadas en las plazas públicas. Tampoco aborda el papel de la legislación que penalizaba todos los métodos de anticoncepción ni el control sobre el proceso de reproducción biológica, o las leyes que introdujeron un nuevo tipo de familia, un nuevo tipo de relaciones sexuales.

Eso situó el cuerpo de las mujeres bajo la tutela del Estado. Lo que se empieza a ver con el desarrollo del capitalismo es una política que ve el cuerpo de las mujeres y la procreación como un aspecto fundamental para la reproducción de la fuerza de trabajo. En ese sentido, con el desarrollo del capitalismo, los cuerpos de las mujeres son convertidos en máquinas para la producción de trabajadores, lo que explica por qué esas leyes tan violentas y sangrientas contra las mujeres eran instituidas allí donde se aplicaba la pena capital para cualquier forma de aborto. Lo que he señalado en Calibán y la bruja es que hay otra historia que está por escribirse: una historia no solo del proceso de producción, sino de la transformación del proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. Es una historia que ve cómo el Estado básicamente libra una guerra contra las mujeres, destruyendo su poder, relegándolas a posiciones de trabajo no remunerado. Ese es el trabajo histórico que he realizado, que no solo añade un nuevo capítulo a lo que ya sabíamos de este periodo, sino que, de alguna forma, redefine lo que es el capitalismo y cuáles son los requisitos para la reproducción de la sociedad capitalista. Al escribir esta historia, he desarrollado un marco teórico que más tarde he utilizado para interpretar la reestructuración de la economía global.

TE: En Calibán y la bruja hablas de los juicios de brujas y elaboras el concepto de Marx de acumulación originaria, pero también amplías las categorías de aquello que es acumulado. Te detienes a examinar la tierra, el trabajo y el dinero, pero también hablas de los conocimientos de las mujeres sobre anticonceptivos, por ejemplo, y cómo fuimos desposeídas del conocimiento de nuestros propios cuerpos y de nuestra capacidad para reproducir o formar las familias que eligiéramos.

SF: ¡Así es! Partiendo de esa reelaboración de la acumulación originaria puedes pensar en muchos otros cercamientos: no solo los relativos a la tierra, sino también el cercamiento del cuerpo. Tu cuerpo queda cercado en el momento en que estás tan aterrorizada que no puedes ni controlar tu propia reproducción, tu vida sexual. Podemos pensar en un cercamiento del conocimiento porque, por ejemplo, hubo un ataque contra los medios que las mujeres habían usado para controlar la procreación. Las mujeres eran transmisoras de una inmensa cantidad de saberes. Hoy podemos mirar con incredulidad hacia algunos de ellos y pensar que quizá no fueran muy válidos como métodos anticonceptivos fiables, pero, de hecho, se transmitieron muchas técnicas de generación en generación. Mi objeción a la argumentación de Marx, siendo importante como es, es su limitada concepción del proceso de desposesión necesario para la creación del proletariado moderno.

AS: Uno de los puntos que mencionas en tu libro Revolución en punto cero es una especie de crítica al canon marxista o anticapitalista. ¿Puedes profundizar en esta idea y explicar qué impacto tiene el comprender los aspectos de género del capitalismo sobre nuestra práctica política?

SF: Tengo la sensación de que la cuestión de la reproducción es esencial no solo para la organización capitalista del trabajo, sino que también es central en cualquier proceso revolucionario verdadero, cualquier proceso genuino de transformación social. Creo que actualmente es especialmente importante porque vemos en primer lugar que ni el Estado ni el mercado contribuyen a la reproducción. El desmantelamiento del Estado de bienestar se está llevando a cabo en todo el mundo y de tal manera que prácticamente deja nuestra reproducción desprovista de apoyo. Existe otra necesidad que tiene que ver con la desintegración del tejido social de nuestras vidas y nuestras comunidades debido a la destrucción económica que hemos visto en las últimas tres décadas. Las formas de organización y los tipos de lazos de solidaridad que se habían construido a lo largo de los años básicamente ya no existen. Deberá producirse todo un proceso de reconstrucción si queremos reunir el poder para empezar a cambiar nuestras vidas e imponer un modelo diferente de sociedad. El trabajo reproductivo y todo lo que sucede en el hogar es fundamental porque muestra de forma muy clara todas las divisiones que mantienen a la gente esclavizada en esta sociedad, empezando por la división entre mujeres y hombres, pero también entre jóvenes y viejos y también sobre la base de la “raza”.

AS: Lo que sugiero es que muchas personas de la extrema izquierda, tanto anarquistas como marxistas, aunque piensan que los temas de las mujeres son importantes, siguen poniendo el foco todavía en el trabajo formal. Pueden estar de acuerdo con muchos de tus argumentos, pero dirían que con los recursos que tenemos, debemos centrarnos en la fábrica capitalista o en el lugar de la producción formal, porque es ahí donde descansa el máximo potencial de transformación. ¿Qué opinión te merece esto?

SF: En mi opinión es una visión muy estrecha de lo que se ha llamado la lucha de clases. Incluso en términos de nuestra historia reciente, muchos de los movimientos que tuvieron un profundo impacto en los años sesenta y setenta del siglo pasado eran movimientos cuya base de poder estaba en buena medida fuera de la fábrica. El movimiento por los derechos civiles, el movimiento del poder negro, no se basaban en la fábrica. Con ellos debería haber quedado demostrado que existe un poder que reside en la comunidad, y no solo en la fábrica. Con la precarización del trabajo y el tipo de chantaje al que la población asalariada está hoy sometida, encontramos que incluso las luchas en el lugar de trabajo asalariado tienden a no tienen éxito a menos que cuenten con el apoyo de la comunidad. Esa conexión entre fábrica y comunidad era la regla antes de los años treinta y cuarenta con el New Deal. Necesitamos repensar esa escisión. Me parece que el aspecto central de la lucha hoy es cómo transformamos el tipo de reproducción que generalmente se nos impone, cómo nos reproducimos como trabajadores y trabajadoras, como fuerza de trabajo y como personas destinadas a diferentes formas de explotación. Necesitamos transformar eso en un trabajo reproductivo capaz de reproducirnos de acuerdo a nuestras verdaderas necesidades y deseos. Ese es uno de los principales retos que hoy debemos abordar.

Entrevista traducida al castellano por Olga Abasolo y Nuria del Viso con autorización de Silvia Federici.


(Tomado de http://www.argenpress.info/2015/01/contra-el-patriarcado-y-el-machismo-el.html)

lunes, 12 de enero de 2015

España: Entrevista a Cristina Garaizabal, militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas

Cristina Garaizibal es una veterana militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas. Psicóloga es de las fundadoras de la asociación Hetaira ahora participa en el proyecto europeo INDOORS y en los grupos por la despatologización de la transexualidad.

Entrevista a Cristina Garaizabal, militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas
Diario Progresista: Hetaira es una asociación pionera en los derechos básicos y libertades de las prostitutas. Pero es un tema que sigue ocasionando cansinos debates dentro y fuera del movimiento feminista. ¿Podías citarme algún país o legislación como ejemplo o no existe tal cosa?

Cristina Garaizabal:
Hetaira, desde su nacimiento hace 20 años, se ha inspirado en lo que plantean las trabajadoras del sexo (tanto a nivel internacional como a nivel local) y mantiene contacto con otras organizaciones pro derechos. Por ejemplo, hemos participado en los últimos años, en un proyecto europeo INDOORS donde hemos podido constatar que no existe ningún país que en estos momentos represente bien aquello por lo que luchamos. Quizás lo más próximo pueda ser Alemania pero la tendencia general en Europa en estos momentos es un recorte importante de los derechos de las trabajadoras del sexo imponiéndose una línea más puritana y abolicionista en la forma de legislar sobre este asunto. Por lo general se impone el “control” sobre las prostitutas pero no se legisla desde una perspectiva de derechos.

Diario P: Se habla hoy ya de varios feminismos, sobre todo, dentro del amplio espectro de ese feminismo que “no llegó al poder”. ¿Confías en el compromiso de las nuevas fuerzas políticas surgidas tras el 15-M con los derechos y libertades de las mujeres en todos los ámbitos sociales?

C.G.:
Como Hetaira siempre hemos confiado en las fuerzas progresistas surgidas tras el 15-M aunque somos conscientes de que eso no vendrá dado sino que deberá ser conquistado por las personas implicadas. Y particularmente en relación a los derechos de las mujeres trabajadoras del sexo sabemos que es uno de los temas más controvertidos dentro de la sociedad y del propio feminismo y por ello hemos solicitado entrevistas con las nuevas fuerzas políticas y estamos participando, en la medida de nuestras posibilidades, en los espacios donde se discute el asunto.

Diario Progresista: El compromiso de Hetaira no ha sido en un único sentido sino en varios No obstante desde organizaciones como la vuestra habéis sido pioneras en reivindicar los derechos y libertades de las trabajadoras sexuales. Pero lo más importante, como me decía Montse Neira, es que disteis voz a las interesadas, españolas e inmigrantes. Ellas empezaron a hablar sin intermediarios e incluso a contar sus historias por escrito.

Cristina G:
Las trabajadoras del sexo estuvieron presentes en la propia fundación de Hetaira. Siempre hemos tenido claro que el protagonismo en esta lucha tenía que ser de las trabajadoras del sexo. Por ello, cuando tenemos entrevistas con instituciones o con quien sea intentamos que ellas estén presentes y sean las que hablen. Las acciones en las que nos involuicramos van precedidas de las necesidades que ellas mismas expresan previamente en asambleas y, entre todas, redactamos las consignas, hacemos las máscaras (para las que no quieren ser reconocidas) y las pancartas, publicamos sus historias… es decir intentamos siempre darles el protagonismo que se merecen porque lo que no tiene sentido son esos actos donde quienes hablan lo hacen desde la teoría, la ideología o sus propias convicciones pero no está la voz de las prostitutas. Uno de nuestros objetivos prioritarios como organización es que cualquier política que se elabore en relación a este tema tenga en cuenta la voz de las trabajadoras del sexo.

D.P: También te has aproximado a las nuevas visiones sobre la transexualidad. El tema de la despatologización sigue en el candelero porque las leyes no garantizan del todo el fin de protocolos y visitas a todo tipo de consultas. Dentro del propio movimiento transexual y transfeminista hay diferentes visiones ¿Cuál es la vuestra (tuya?)?

C.G.:
Como Hetaira apoyamos el tema de la despatologización trans y hemos acudido a los actos y reivindicaciones que desde estos colectivos se plantean. Muchas de las personas que ejercen la prostitución por decisión propia son mujeres trans y, por tanto, estamos muy atentas a sus necesidades.

Personalmente la transexualidad es algo que me ha interesado desde los años 80, tanto desde el punto de vista activista como desde el punto de vista profesional. Algunas profesionales de la psicología nos lanzamos a hacer acompañamientos a las personas trans. Ya en esa época, desde mi perspectiva activista feminista, consideraba que la transexualidad no era una enfermedad. Eso me ayudaba en los acompañamientos pero no extraje las consecuencias de ello que, posteriormente, el movimiento por la despatologización ha planteado. La existencia de este movimiento me parece muy importante y creo que plantea cosas que nos concierne no solo a las personas trans sino a todo el mundo. En este sentido estoy encantada de que exista gente joven que esté desarrollando todo esto. Además creo que la crítica a la dicotomía de géneros y al binarismo nos plantea toda una serie de retos a las teorías feministas tradicionales que, si sabemos recoger y profundizar bien, pueden ampliar el margen de actuación del feminismo (o transfeminismo, como quiera llamársele) y enriquecer en mucho las diferentes teorías feministas.

D.P: La militancia en una causa a-aunque en tu caso haya podido estar unida a tu experiencia profesional- ha sido siempre algo bastante complicado de conciliar con una vida de estudiante o trabajador/a etc. ¿Esto va a mejorar en estos tiempos o al revés?

C.G.:
En mi caso particular el activismo ha estado unido a mi experiencia profesional en algunos casos pero no siempre. Mi actividad en Hetaira no está marcada por ser psicóloga sino que hago cosas diferentes en el colectivo aunque a veces atiendo a alguna mujer trabajadora del sexo porque lo necesita. Es decir, mi trabajo en Hetaira es voluntario y nada tiene que ver con lo profesional y, en este sentido, no siempre ha sido fácil conciliar la necesidad de trabajar para vivir y el activismo.

En relación a la perspectiva creo que va a empeorar y se están aumentando ya las dificultades para conciliar el trabajo profesional con el compromiso social (que con la crisis está cada vez peor pagado, con más exigencias y con jornadas laborales interminables… y para quien no lo tiene la angustia de buscarlo y las horas que eso implica. Además, antes algunas personas encontraban trabajo en ONG´s que algo tenía que ver con su militancia pero en la actualidad esto está cada vez más difícil por los recortes que hemos sufrido las organizaciones (algunas más que otras en función de la ideología y la adhesión a los distintos partidos que han estado en el Gobierno) con la tan manida crisis.

D.P: El tema del derecho al aborto y la negación de los derechos reproductivos de las madres lesbianas parecían devolvernos a un pasado de oscurantismo. También el fin de las campañas contra la expansión del VIH ¿Ha cesado esa amenaza o las feministas no deben bajar nunca la guardia ni dar temas por zanjados?

C.G:
Estas amenazas siguen ahí y no creo que podamos dar ningún logro por definitivo. Más aún cuando los logros conseguidos son tan precarios y nuevos como en nuestro país y algunos de ellos incluso son logros parciales, por ejemplo los derechos reproductivos de las lesbianas. Un tema que el gobierno del PSOE, cuando legisló sobre el matrimonio homosexual dejó “olvidado”, retomó posteriormente y con el gobierno del PP es cuando volvió a estar presente para mal. En resumen, los logros no están tan afianzados y por lo tanto es necesario seguir con la guardia en alto.

D.P: Personalmente creo que desde la psicología no se han contemplado bien ni las cuestiones de género ni, sobre todo, los problemas de los adolescentes LGTB ni tampoco otro tipo de estigmas ligadas al género y la raza ¿Veis avances importantes en ese sentido o solo se producen en lugares específicos y ámbitos puntuales?

C.G:
Completamente de acuerdo con lo que planteas. Creo que se van dando avances pero son muy lentos y parciales. Parece que la aprobación del matrimonio homosexual y de la Ley de Identidad de Género para muchos sectores de la población ha supuesto la consideración de que los problemas ya están solventados para la población LGTBI. Y nada más lejano a la realidad. Esas leyes acaban con la desigualdad legal en relación a algunos asuntos pero no implican que esta población esté en pie de igualdad en la realidad en todos los ámbitos de la vida. A las personas trans se les sigue exigiendo (según la ley) pruebas diagnósticas y patologizantes, la heterosexualidad se sigue considerando mejor que otras formas de orientación del deseo, las agresiones homófobas y tránfobas siguen a la orden del día, en los colegios se sigue dando el bulling homofóbico y las marcas de géneros concebida de forma binaria (baños y vestuarios diferentes para niñas y niños, uniformes diferentes también…) siguen estando presentes en los colegios. En resumen: queda mucho por hacer aún para acabar con la situación de desigualdad y el estigma que recae sobre esta población.
 
(Tomado de http://www.diarioprogresista.es/entrevista-a-cristina-garaizabal-militante-feminista-de-izquierdas-y-por-los-59561.htm)