El hecho de que haya un mayor número de hombres que de mujeres por
los feticidios femeninos y la política de no dividir la herencia
familiar explican que la poliandria subsista en la India, donde la
costumbre hunde sus raíces en la mitología local.
Aunque no hay estadísticas oficiales sobre los matrimonios de varios
hombres con una misma esposa, no faltan los expertos que afirman que en
las últimas décadas se ha producido un resurgimiento del fenómeno en
algunas áreas rurales del gigante asiático.
"Tradicionalmente el caso más habitual era el de hermanos casados con
una sola mujer con el objetivo de mantener unido el patrimonio de la
familia", apunta a Efe Ranjani K.Murthy, especialista en problemas de
género vinculados con la pobreza y la salud.
"Pero -precisa- existen informes que indican su reaparición en
estados como Haryana y Uttar Pradesh", ambos en el norte del país y en
los que la experta atribuye el resurgimiento de la práctica "al sex
ratio, que registra un mayor número de hombres que de mujeres".
El desequilibrio está causado por los abortos intencionados de fetos
de sexo femenino en las comunidades agrícolas, donde las niñas son
consideradas una carga familiar y en las que continua vigente la
interrupción voluntaria del embarazo por motivo sexista.
El resultado es que entre los más de 1.200 millones de habitantes de
la India hay 940 mujeres por cada 1.000 hombres, pero en algunas áreas
la tendencia es más acentuada, y se ha mantenido o incrementado en
paralelo al crecimiento natural de la población.
Según el censo nacional, a principios de esta década había en la
India 7,1 millones menos de niñas que de niños, lo que suponía un
aumento respecto a 2001, año en que la diferencia se cifraba en 6
millones, y a 1991, cuando la distancia se reducía a 4,2 millones.
Murthy responsabiliza de la situación al Gobierno, "que no aplica de
manera estricta" la prohibición de que los progenitores conozcan de
antemano el sexo de los fetos mediante técnicas de diagnostico prenatal,
de acuerdo con una ley que data de los años noventa.
Pese a que admite que "hay estudiosos que mantienen que la desigual
distribución del patrimonio familiar alienta la poligamia", la socióloga
Roli Misra también relaciona la persistencia de la costumbre a la
disparidad demográfica entre los géneros.
En The Indian Economic Journal, esa experta sostiene que el creciente
desequilibrio en el número de mujeres y de hombres explica asimismo el
alto índice de divorcio en determinadas zonas rurales donde las mujeres
tienen sucesivos maridos a lo largo de su vida.
Misra distingue entre poliandria consentida y forzada, esta última desencadenada, precisa, por la pauperización.
La especialista subraya la situación que se registra en los distritos
de Bagpat y Moradabad, en el estado de Uttar Pradesh y donde "hay
chicas que se casan legalmente con un chico y luego son obligadas a
mantener relaciones con los hermanos de su marido".
"Se viola gravemente la dignidad y autoestima de la mujer. Las implicaciones son trágicas y dolorosas", critica la socióloga.
En la actualidad la poliandria es tabú pero no lo fue en la India
antigua, cuando fuentes literarias apuntan que tampoco era forzada.
La poliandria permanece inscrita en el imaginario colectivo local
desde el Mahabhárata, junto al Ramayana la principal obra épica escrita
en sánscrito, que se remonta a dos mil años atrás y forma parte del
núcleo central de los textos sagrados del hinduismo.
Los héroes de la narración -de autor desconocido, vocación
enciclopédica y cuya extensión es siete veces mayor que las de la Iliada
y la Odisea juntas- son cinco hermanos de estirpe real, los Pandavas,
que se disputan el poder con un clan rival, los Kauravas.
Tras una serie casi interminable de avatares, y como suele ocurrir en
este tipo de epopeyas, el relato concluye bien; los Pandavas derrotan a
los Kauravas, y lo celebran junto a su común esposa Draupadi, que
comparte con los cinco lecho y felicidad.
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viernes, 7 de marzo de 2014
Colombia/ Mar Candela: "busco sociedades para mujeres libres"
Mar Candela, vocera del Movimiento Feminista Artesanal,
tiene 34 años, es casada, tiene una hija y un perro al que trata como
un hijo más, desde hace ocho años trabaja al servicio de la libertad y
los derechos de las mujeres.
Mar se hizo bachiller el año pasado y espera poder ir a
la universidad en algún momento, sin embargo ha dedicado su vida a
estudiar pedagogías que permitan educar a un país en la importancia de
sociedades donde la mujer sea reconocida e identificada como sujeta de
derecho en todos los espacios sociopolíticos y culturales, pedagogías
que permitan a un país decir con toda confianza y sin temor a errar que
"aquí si existen calles para mujeres libres y que comprende que no hay
patria sin Matria".
Un matrimonio vanguardista y una madre orgullosa
Desde hace 10 años está orgullosamente casada pese a
quienes piensan que una feminista no debería casarse. Su esposo es
Harold Borda, un Ingeniero de sistemas, que asegura Mar, lucha contra
las tradiciones, como lo deben hacer todos los nuevos hombres enemigos
del machismo.
"He apostado a replantear el concepto de matrimonio y lo
he hecho desde mi propia construcción, estoy casada solo por hoy;
considero que los matrimonios de vanguardia no deben ser para toda la
vida. Es necesario dejar de lado la afecto dependencia, y estar listas a
la separación en algún momento de la vida, esto forma parte de
sentirnos seguras de nuestra capacidad de poder vivir sin opresiones. El
matrimonio siempre será una opción, siempre y cuando se viva a
conciencia de que es una compañía, un negocio o una sociedad donde
debemos estar hasta cuando todas las partes estén ganando, pues no se
debe vivir como una cadena perpetua".
Dentro de las cosas que más disfruta de ser mujer,
aunque la ponga en aprietos con algunos movimientos feministas de
tradición es ser madre, "he disfrutado mi maternidad al máximo aún en
medio de contrariedades, porque estoy en una sociedad donde ser madre
supone cadenas que ninguna mujer debe llevar, yo no soy una madre
sufrida, no he dejado de realizarme como persona por cuidar de mis
hijos, la realización de una mujer no es la maternidad y ser madre debe
ser una elección personal, yo elegí ser madre en medio de muchas dudas
que tenía al respecto, no siempre ha sido chévere pero siempre ha sido
profundamente enriquecedor para mi vida y ser madre de mujer me ha dado
un disfrute diferente".
Feminista, un trabajo a favor de la libertad y los derechos de las mujeres
Mar asegura que nació feminista pero no lo sabía. Empezó
velando por sus derechos y desde los quince años ha sido activista y
rebelde, pues nunca acepto injusticias cerca de ella.
Hace ocho años abrió una línea telefónica personal (la
de su casa), a servicio de las mujeres que necesitaran desahogar sus
penas y sentir algún tipo de respaldo. "No sabía en qué me estaba
metiendo, escuchar cientos de llamadas semanalmente de mujeres viviendo
todo tipo de violencia; fue el primer llamado de la vida para que yo
tomara las banderas de la libertad de la mujer".
Su deseo a vivir sin miedo, junto a las cientos de
historias que ha escuchado y los casos de las mujeres que ha acompañado,
fueron el detonante y a raíz de eso decidió traer a Colombia en el 2012
la conocida 'Marcha de las putas', la cual nació en
Toronto, Canadá, debido a que un policía dijo públicamente que "las
mujeres debemos dejar de vestir como putas para evitar ser violadas”, es
así como una universitaria convoca a marchar para decir que "cuando una
mujer dice no siempre significa no; que Puta o no, la mujer siempre
decide".
En su día a día, además de ser madre, esposa y ama de
casa, atiende todos casos referentes a la realidad de la mujer; escribe
el primer libro sobre lo que es ser una mujer artesanal; hace radio
Online, donde tiene el programa 'Mujeres al desnudo' transmitido por Snap radio y escribe en un periódico local sobre la realidad de la mujer.
"Promuevo charlas en colegios, oficinas, universidades y
todo espacio posible sobre reflexiones de la cotidianidad de la mujer
haciendo énfasis en dar a conocer las leyes que nos cobijan, ya no me
dedico a nada diferente que al ejercicio constante de buscar sociedades
para mujeres libres. Actualmente empiezo procesos con una represéntate
artística para emprender tertulias, monólogos y puestas en escena con
todos estos temas, ya que quiero retomar el teatro algo que deje de
hacer por la causa".
A la cabeza del Movimiento Feminista Artesanal
El movimiento empezó a tejerse hace cuatro años, en el
2011, cuando inició los procesos de convocatoria a marcha de las putas
en Colombia, en ese momento un grupo feminista le dijeron a Mar Candela
que no la reconocía, que no las representaba y que tenía que entregarle
la ejecución del ejercicio a movimientos con trayectoria y experiencia.
"Entonces, como soy una mujer que necesita saber de qué
es lo que le hablan y entender las razones de los reclamos, hice la
tarea; tarde más de cuatro meses leyendo feminismo y logre confrontarme
con mi realidad, reconociendo que mis hermanas de causa estaban
reclamando con toda la razón y que yo había nacido feminista y no lo
sabía, empecé haciendo catarsis y escribiendo en redes sociales las
reflexiones y cuestionamientos que resultaban de esta".
Y solo hasta el 2012 después de la ejecución de la
'Marcha de las Putas' en Colombia se oficializa 'Feminismo Artesanal'
como movimiento sociopolítico, no partidista, a favor de los derechos de
las mujeres.
Finalmente su mensaje para todas las mujeres es claro.
"La mujer que desnuda sus miserias deja de ser miserable, cuando una
mujer denuncia la violencia ejercida sobre ella, deja de ser víctima
para convertirse en una heroína, no solo salva su vida si no la de todas
las mujeres. Cuando una mujer denuncia deja de ser invisible y toma el
control de todos los aspectos de su vida y resulta siendo inspiración
para todas".
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martes, 18 de febrero de 2014
Mujer y cuerpo bajo control. Entrevista a Rita Segato
Revista¨Ñ
Rita Segato es una
intelectual feminista lúcida. Vive en Brasil, nació en el barrio porteño
de Constitución y se define como una mujer del Sur. Comprometida con el
feminismo latinoamericano, los movimientos indígenas y el movimiento
negro en Brasil, sus libros son un bálsamo al cual recurrir para poder
penetrar los grandes dilemas de nuestro tiempo. Acaba de publicar La
escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (Tinta
limón). Esta entrevista realizada en Buenos Aires es un fragmento de
una charla sobre renovados proyectos emancipadores.
–¿Qué cambios ha observado en Ciudad Juárez, y en su propia reflexión, en la década que va de 2003 a 2013?
–En Ciudad Juárez descubro el territorio, la territorialidad. Lo que antes se decía “estar en la base” hoy se dice “estar en el territorio”. Ha pasado a formar parte del vocabulario de las personas y del vocabulario político. En 2003 yo empiezo a ver al cuerpo de las mujeres como una función territorial, como territorio mismo y lo relaciono con la idea de soberanía. Desde los 70 se venía hablando de la posición de la mujer como “naturaleza”, lo que después pasó a ser criticado dentro del feminismo. Eso pasó a ser muy fértil de varias formas: comencé a decir que el cuerpo de las mujeres era el propio campo de batalla donde se plantaban las banderas del control territorial, jurisdiccional, donde las nuevas corporaciones armadas en las modalidades mafiosas de la guerra no convencional, emitían los signos de sus siempre fugaces victorias, de su capacidad de soberanía jurisdiccional e impunidad, y también comencé a pensar en los porqués del cuerpo como ese bastidor en que se cuelgan insignias. También vi, que el cuerpo es nuestro último espacio de soberanía, lo último que controlamos cuando todas nuestras posesiones están perdidas. Las afinidades semánticas entre cuerpo y territorio, dentro del paradigma colonial, son infinitas… Posiblemente el cuerpo indio no tenga, desde una perspectiva pre–colonial o no–colonial, esos mismos significados. Pero la colonialidad se los asigna. Esto, cruzado con las políticas de las identidades, cuya crítica es el tema central de mi libro La nación y sus otros es también, y de otra forma, fértil. El formateo de las identidades, como soporte de la política, tiene que ver también con lo territorial, lo que voy a llamar en dos ensayos de ese libro y en otro texto posterior el carácter territorial de la política hoy. La cultura política de las identidades es también territorial y, si prestamos atención, constataremos que hasta la política partidaria es hoy una cuestión de identidad y, por lo tanto, de territorio. La expansión de las identidades en red, las formas de anexión de miembros a redes identitarias o, en otras palabras, en redes como territorios, es hoy el tema y el proyecto de la política. Así como la religión hoy se prende al control fundamentalista de los cuerpos (y aquí coloco en el mismo plano el velo obligatorio en el islam y la obsesión anti–abortista entre los cristianos) por razones que son de soberanía jurisdiccional y no de orden teológico, moral o doctrinal, de la misma forma, las razones de la política son hoy del orden de la cohesión y de las alianzas y, en ese sentido hasta la política partidaria es hoy “política de identidad” y su proyecto puede ser también comprendido como territorial, entendiendo la red de sus miembros como su territorio. Entonces, el tema de los cuerpos, de su control y de la espectacularización de ese control sobre los cuerpos se ha vuelto central en la política.
–¿Cómo define la política de la identidad?
–Cuando cae el Muro de Berlín y finaliza la Guerra Fría, el paradigma dominante de la crítica política pasa a ser el de la política de las identidades. Identidades que, para ese fin, pasan a ser formateadas y globales. La crítica antisistémica, al sistema capitalista y sus metas de acumulación y concentración pasa a ser sustituida por una política de identidades y se enfoca en lo distributivo. En ese sentido el discurso de los DDHH pasa a tener un papel que poco se ha examinado y cuya meta “inclusiva” no es otra que la de poner límites al pacto estado–capital. En lugar de la crítica anti–sistémica, pasa a considerarse que deben haber algunas garantías de protección para aquellos que no son igualmente “productivos”, “desarrollados”, “modernos” o, mejor, “modernizados”, para que puedan incluirse, no sólo a los derechos sino también en el mercado. Las políticas de inclusión siempre hay que mirarlas bajo un signo de interrogación. Son interesantes como agitación porque cuando uno dice “hay que incluir” está también apuntando a fallas severas del orden social, de la justicia, del bienestar colectivo. Entonces los DDHH entran ahí, cuando hay que poner límite a la intervención del capital en las instituciones, al poder del capital en el orden estatal. El capital nunca se satisface y los DDHH son la normativa que intenta ponerle coto a su injerencia. Las políticas de las identidades no son más anti sistémicas como fue la política del activismo de los 70. Cuando pasa ese período histórico, queda una especie de silencio, un interregno, durante el cual los de nuestra generación quedamos perplejos ante la caída del Muro. Aunque no fuésemos pro rusos, aquello era un mundo alternativo con un proyecto alternativo al capital. Cuando esa ilusión acaba, sobreviene un gran silencio. No tenemos una historia de la mentalidad, no he visto investigaciones de cómo se transforma la conciencia de las personas en el período que va desde los 60 hasta la transformación de los paradigmas de la política, de cómo se transformó el paisaje de nuestra conciencia a través de un cisma ideológico muy profundo.
–¿Ha podido el discurso de los DDHH proteger a las personas de la violencia del proyecto capitalista? Y trasladado esto a las mujeres, ¿ha podido protegerlas de la masacre misógina?
–Creo que no, lo que estamos viendo es que ese techo de contención de los males a que pueden ser expuestas las personas muestra su incapacidad de protegerlas, y es indispensable liberarnos de nuestra fe cívica y comenzar a sospechar de la capacidad del Estado y de las organizaciones supraestatales para proteger a las personas. Más que de una fe cívica, estamos sufriendo hoy de una ceguera cívica. Hemos utilizado demasiado tiempo y puesto demasiadas fichas a la expansión de esos derechos y lo que vemos es un mundo en que nunca hubo mayor concentración de riquezas y las personas están cada vez más vulnerables. Tenemos que preguntarnos qué ha pasado y qué está pasando, cómo hemos perdido derechos básicos en la Argentina frente al camino del capital, es decir, a los valores de la competitividad, la productividad, la acumulación, la concentración cada vez mayor y la exclusión. Entonces el discurso de los DDHH, como promesa efectiva de protección por parte de cortes estatales supraestatales, es, hasta el momento, francamente ficcional, es una falsa conciencia. La justicia moderna es punitiva por naturaleza, no constructiva. Todo el peso es colocado en la negatividad, y prácticamente no hay resultados en los aspectos positivos de la justicia. Lo que es incontestable es el valor de agitación y pedagógico del discurso de los Derechos Humanos, en su capacidad de persuadirnos de que debemos transformar valores, costumbres, y por lo tanto, humanizarnos, azuzando nuestra insatisfacción ética por una mayor felicidad colectiva.
–¿En qué momento de su trayectoria se cruza con el pensamiento de Aníbal Quijano?
–Cuando escucho en él la manera más lúcida y más conmovedora de hablar de la raza y el racismo sin entrar en la trampa de las políticas de las identidades de matriz multicultural burguesa, que es ornamental: las figuritas del indio, del negro, cada uno haciendo su papel, Quijano propone cómo pensar la raza históricamente y no a partir de íconos de diversidad que son superficiales, cosméticos, enlatados, falsamente naturalizados, como en el multiculturalismo. Cuando cae el Muro se abren dos caminos nuevos de la política: uno es del multiculturalismo anodino, como le ha llamado Homi Bhabha, donde la estructura, o sea, el sistema, no está en juego y no cambia, y el otro camino es el de la crítica de la colonialidad como la estructura profunda que guía la reproducción de las desigualdades. La crítica de la colonialidad busca en las lógicas indígenas y en las lógicas comunitarias caminos alternativos al del capital. Quijano nos ofrece un análisis sociológico, filosófico e histórico que permite entender la raza como una invención histórica y por fuera completamente del multiculturalismo. La raza es producto de la racialización de origen colonial. Leí recientemente una propuesta de descolonización maravillosa en un libro publicado por el gobierno de Evo Morales, pero que no cita al autor que es el que genera esta idea de una colonialidad diferente del colonialismo y de un pensamiento descolonial. Y me pareció equivocada la utilización de formulaciones que son claramente de Quijano sin el debido reconocimiento de autoría. El reconocimiento de la gestación de las ideas es sagrado para mí, y no se trata de propiedad y sí de parentalidad. Reconocer autoría es muy importante sobre todo en nuestro mundo latinoamericano, en primer lugar porque un autor es una posición en la escena histórica y tenés que comprender la escena y la historia; si vos lo censurás, le negás este conocimiento a la gente, le negás acceso a la genealogía de ese pensamiento, el quién y el dónde. La genealogía permite situarse en una historia. Me doy cuenta de eso a partir de una lucha en la que participé activamente, como fue la lucha por las cuotas raciales de estudiantes negros en Brasil, cuyo proceso de gestación se ha censurado. Esa lucha –que protagonicé en 1998– contra la discriminación de un estudiante negro en el Doctorado de Antropología en la Universidad de Brasilia originó la primera propuesta de reserva de cupos para estudiantes negros y algunas medidas inclusivas para estudiantes indígenas. Hoy es una realidad consagrada pero condicionada a una censura de la historia que originó ese proceso debido a la cual muchos estudiantes negros piensan que un rector, un ministro o el mismo Lula tuvo un día una idea beneficiosa y, con un golpe de pluma, tuvieron la gentileza de firmar un decreto que les dio acceso a la universidad. Decirles que sujetos concretos, situados en las escenas históricas de nuestro continente pensaron propuestas que tomaron forma es hablarles de su propia potencia transformadora y constituye una verdadera pedagogía política. El reconocimiento de la autoría y del protagonismo son esenciales por esa razón autorizadora, especialmente en un continente en el que las universidades, por su eurocentrismo endémico, enseñan que las ideas y los grandes cambios históricos siempre se originan en otro lugar.
–¿Cómo pensar entonces la relación de afectación sumamente cruel y violenta del cuerpo de las mujeres por el paradigma territorial de la política?
–El cuerpo de las mujeres es particularmente afectado por este paradigma territorial que domina hoy el pensamiento contemporáneo. Como sostuve en mi libro Las estructuras elementales de la violencia , la violencia sexual tiene componentes mucho más expresivos que instrumentales, no persigue un fin, no es para obtener un servicio. La violencia sexual es expresiva. La agresión al cuerpo de una mujer , sexual, física, expresa una dominación, una soberanía territorial, sobre un territorio–cuerpo emblemático.
–¿Cómo mueren las mujeres en ese espacio de la guerra que has llamado “segunda realidad”?
–La mujer muere en el espacio doméstico por la gran lucha, la gran tensión entre los géneros, porque el hombre está masacrado, emasculado por el capitalismo contemporáneo. La presión sobre el sujeto masculino es enorme, y éste se restaura como masculino también mediante la violencia. Restaura dentro de casa la masculinidad que pierde fuera de casa. Pero también la mujer muere en otras esferas. Por ejemplo, en las estadísticas de Bolivia entre 1 de enero y el 31 de agosto de 2011, de todos los asesinatos cometidos, 62,5% son de mujeres, y menos del 51% ocurren en el espacio doméstico; el otro 49% ocurren en otro lugar y eso nuestras categorías no lo alcanzan a ver. Muchos de esos óbitos, que, cada vez más ocurren fuera del ambiente doméstico, son de mujeres que mueren en las guerras informales de la segunda realidad, esfera en que las mujeres y, en algunos casos, niñas, como lo fue Candela, son torturadas, violentadas sexualmente, asesinadas como espectáculo de la soberanía de quien tiene el control territorial en esas guerras que nunca empiezan y nunca terminan, que son guerras continuas, sin declaración y sin armisticio, sin victorias ni derrotas más que transitorias. La impunidad y discrecionalidad de lo que se puede hacer con el cuerpo de las mujeres como el lugar donde se implanta la insignia de la soberanía expresa el control territorial en la modalidad mafiosa de las nuevas guerras informales.
Fuente original: http://www.revistaenie.clarin. com
–¿Qué cambios ha observado en Ciudad Juárez, y en su propia reflexión, en la década que va de 2003 a 2013?
–En Ciudad Juárez descubro el territorio, la territorialidad. Lo que antes se decía “estar en la base” hoy se dice “estar en el territorio”. Ha pasado a formar parte del vocabulario de las personas y del vocabulario político. En 2003 yo empiezo a ver al cuerpo de las mujeres como una función territorial, como territorio mismo y lo relaciono con la idea de soberanía. Desde los 70 se venía hablando de la posición de la mujer como “naturaleza”, lo que después pasó a ser criticado dentro del feminismo. Eso pasó a ser muy fértil de varias formas: comencé a decir que el cuerpo de las mujeres era el propio campo de batalla donde se plantaban las banderas del control territorial, jurisdiccional, donde las nuevas corporaciones armadas en las modalidades mafiosas de la guerra no convencional, emitían los signos de sus siempre fugaces victorias, de su capacidad de soberanía jurisdiccional e impunidad, y también comencé a pensar en los porqués del cuerpo como ese bastidor en que se cuelgan insignias. También vi, que el cuerpo es nuestro último espacio de soberanía, lo último que controlamos cuando todas nuestras posesiones están perdidas. Las afinidades semánticas entre cuerpo y territorio, dentro del paradigma colonial, son infinitas… Posiblemente el cuerpo indio no tenga, desde una perspectiva pre–colonial o no–colonial, esos mismos significados. Pero la colonialidad se los asigna. Esto, cruzado con las políticas de las identidades, cuya crítica es el tema central de mi libro La nación y sus otros es también, y de otra forma, fértil. El formateo de las identidades, como soporte de la política, tiene que ver también con lo territorial, lo que voy a llamar en dos ensayos de ese libro y en otro texto posterior el carácter territorial de la política hoy. La cultura política de las identidades es también territorial y, si prestamos atención, constataremos que hasta la política partidaria es hoy una cuestión de identidad y, por lo tanto, de territorio. La expansión de las identidades en red, las formas de anexión de miembros a redes identitarias o, en otras palabras, en redes como territorios, es hoy el tema y el proyecto de la política. Así como la religión hoy se prende al control fundamentalista de los cuerpos (y aquí coloco en el mismo plano el velo obligatorio en el islam y la obsesión anti–abortista entre los cristianos) por razones que son de soberanía jurisdiccional y no de orden teológico, moral o doctrinal, de la misma forma, las razones de la política son hoy del orden de la cohesión y de las alianzas y, en ese sentido hasta la política partidaria es hoy “política de identidad” y su proyecto puede ser también comprendido como territorial, entendiendo la red de sus miembros como su territorio. Entonces, el tema de los cuerpos, de su control y de la espectacularización de ese control sobre los cuerpos se ha vuelto central en la política.
–¿Cómo define la política de la identidad?
–Cuando cae el Muro de Berlín y finaliza la Guerra Fría, el paradigma dominante de la crítica política pasa a ser el de la política de las identidades. Identidades que, para ese fin, pasan a ser formateadas y globales. La crítica antisistémica, al sistema capitalista y sus metas de acumulación y concentración pasa a ser sustituida por una política de identidades y se enfoca en lo distributivo. En ese sentido el discurso de los DDHH pasa a tener un papel que poco se ha examinado y cuya meta “inclusiva” no es otra que la de poner límites al pacto estado–capital. En lugar de la crítica anti–sistémica, pasa a considerarse que deben haber algunas garantías de protección para aquellos que no son igualmente “productivos”, “desarrollados”, “modernos” o, mejor, “modernizados”, para que puedan incluirse, no sólo a los derechos sino también en el mercado. Las políticas de inclusión siempre hay que mirarlas bajo un signo de interrogación. Son interesantes como agitación porque cuando uno dice “hay que incluir” está también apuntando a fallas severas del orden social, de la justicia, del bienestar colectivo. Entonces los DDHH entran ahí, cuando hay que poner límite a la intervención del capital en las instituciones, al poder del capital en el orden estatal. El capital nunca se satisface y los DDHH son la normativa que intenta ponerle coto a su injerencia. Las políticas de las identidades no son más anti sistémicas como fue la política del activismo de los 70. Cuando pasa ese período histórico, queda una especie de silencio, un interregno, durante el cual los de nuestra generación quedamos perplejos ante la caída del Muro. Aunque no fuésemos pro rusos, aquello era un mundo alternativo con un proyecto alternativo al capital. Cuando esa ilusión acaba, sobreviene un gran silencio. No tenemos una historia de la mentalidad, no he visto investigaciones de cómo se transforma la conciencia de las personas en el período que va desde los 60 hasta la transformación de los paradigmas de la política, de cómo se transformó el paisaje de nuestra conciencia a través de un cisma ideológico muy profundo.
–¿Ha podido el discurso de los DDHH proteger a las personas de la violencia del proyecto capitalista? Y trasladado esto a las mujeres, ¿ha podido protegerlas de la masacre misógina?
–Creo que no, lo que estamos viendo es que ese techo de contención de los males a que pueden ser expuestas las personas muestra su incapacidad de protegerlas, y es indispensable liberarnos de nuestra fe cívica y comenzar a sospechar de la capacidad del Estado y de las organizaciones supraestatales para proteger a las personas. Más que de una fe cívica, estamos sufriendo hoy de una ceguera cívica. Hemos utilizado demasiado tiempo y puesto demasiadas fichas a la expansión de esos derechos y lo que vemos es un mundo en que nunca hubo mayor concentración de riquezas y las personas están cada vez más vulnerables. Tenemos que preguntarnos qué ha pasado y qué está pasando, cómo hemos perdido derechos básicos en la Argentina frente al camino del capital, es decir, a los valores de la competitividad, la productividad, la acumulación, la concentración cada vez mayor y la exclusión. Entonces el discurso de los DDHH, como promesa efectiva de protección por parte de cortes estatales supraestatales, es, hasta el momento, francamente ficcional, es una falsa conciencia. La justicia moderna es punitiva por naturaleza, no constructiva. Todo el peso es colocado en la negatividad, y prácticamente no hay resultados en los aspectos positivos de la justicia. Lo que es incontestable es el valor de agitación y pedagógico del discurso de los Derechos Humanos, en su capacidad de persuadirnos de que debemos transformar valores, costumbres, y por lo tanto, humanizarnos, azuzando nuestra insatisfacción ética por una mayor felicidad colectiva.
–¿En qué momento de su trayectoria se cruza con el pensamiento de Aníbal Quijano?
–Cuando escucho en él la manera más lúcida y más conmovedora de hablar de la raza y el racismo sin entrar en la trampa de las políticas de las identidades de matriz multicultural burguesa, que es ornamental: las figuritas del indio, del negro, cada uno haciendo su papel, Quijano propone cómo pensar la raza históricamente y no a partir de íconos de diversidad que son superficiales, cosméticos, enlatados, falsamente naturalizados, como en el multiculturalismo. Cuando cae el Muro se abren dos caminos nuevos de la política: uno es del multiculturalismo anodino, como le ha llamado Homi Bhabha, donde la estructura, o sea, el sistema, no está en juego y no cambia, y el otro camino es el de la crítica de la colonialidad como la estructura profunda que guía la reproducción de las desigualdades. La crítica de la colonialidad busca en las lógicas indígenas y en las lógicas comunitarias caminos alternativos al del capital. Quijano nos ofrece un análisis sociológico, filosófico e histórico que permite entender la raza como una invención histórica y por fuera completamente del multiculturalismo. La raza es producto de la racialización de origen colonial. Leí recientemente una propuesta de descolonización maravillosa en un libro publicado por el gobierno de Evo Morales, pero que no cita al autor que es el que genera esta idea de una colonialidad diferente del colonialismo y de un pensamiento descolonial. Y me pareció equivocada la utilización de formulaciones que son claramente de Quijano sin el debido reconocimiento de autoría. El reconocimiento de la gestación de las ideas es sagrado para mí, y no se trata de propiedad y sí de parentalidad. Reconocer autoría es muy importante sobre todo en nuestro mundo latinoamericano, en primer lugar porque un autor es una posición en la escena histórica y tenés que comprender la escena y la historia; si vos lo censurás, le negás este conocimiento a la gente, le negás acceso a la genealogía de ese pensamiento, el quién y el dónde. La genealogía permite situarse en una historia. Me doy cuenta de eso a partir de una lucha en la que participé activamente, como fue la lucha por las cuotas raciales de estudiantes negros en Brasil, cuyo proceso de gestación se ha censurado. Esa lucha –que protagonicé en 1998– contra la discriminación de un estudiante negro en el Doctorado de Antropología en la Universidad de Brasilia originó la primera propuesta de reserva de cupos para estudiantes negros y algunas medidas inclusivas para estudiantes indígenas. Hoy es una realidad consagrada pero condicionada a una censura de la historia que originó ese proceso debido a la cual muchos estudiantes negros piensan que un rector, un ministro o el mismo Lula tuvo un día una idea beneficiosa y, con un golpe de pluma, tuvieron la gentileza de firmar un decreto que les dio acceso a la universidad. Decirles que sujetos concretos, situados en las escenas históricas de nuestro continente pensaron propuestas que tomaron forma es hablarles de su propia potencia transformadora y constituye una verdadera pedagogía política. El reconocimiento de la autoría y del protagonismo son esenciales por esa razón autorizadora, especialmente en un continente en el que las universidades, por su eurocentrismo endémico, enseñan que las ideas y los grandes cambios históricos siempre se originan en otro lugar.
–¿Cómo pensar entonces la relación de afectación sumamente cruel y violenta del cuerpo de las mujeres por el paradigma territorial de la política?
–El cuerpo de las mujeres es particularmente afectado por este paradigma territorial que domina hoy el pensamiento contemporáneo. Como sostuve en mi libro Las estructuras elementales de la violencia , la violencia sexual tiene componentes mucho más expresivos que instrumentales, no persigue un fin, no es para obtener un servicio. La violencia sexual es expresiva. La agresión al cuerpo de una mujer , sexual, física, expresa una dominación, una soberanía territorial, sobre un territorio–cuerpo emblemático.
–¿Cómo mueren las mujeres en ese espacio de la guerra que has llamado “segunda realidad”?
–La mujer muere en el espacio doméstico por la gran lucha, la gran tensión entre los géneros, porque el hombre está masacrado, emasculado por el capitalismo contemporáneo. La presión sobre el sujeto masculino es enorme, y éste se restaura como masculino también mediante la violencia. Restaura dentro de casa la masculinidad que pierde fuera de casa. Pero también la mujer muere en otras esferas. Por ejemplo, en las estadísticas de Bolivia entre 1 de enero y el 31 de agosto de 2011, de todos los asesinatos cometidos, 62,5% son de mujeres, y menos del 51% ocurren en el espacio doméstico; el otro 49% ocurren en otro lugar y eso nuestras categorías no lo alcanzan a ver. Muchos de esos óbitos, que, cada vez más ocurren fuera del ambiente doméstico, son de mujeres que mueren en las guerras informales de la segunda realidad, esfera en que las mujeres y, en algunos casos, niñas, como lo fue Candela, son torturadas, violentadas sexualmente, asesinadas como espectáculo de la soberanía de quien tiene el control territorial en esas guerras que nunca empiezan y nunca terminan, que son guerras continuas, sin declaración y sin armisticio, sin victorias ni derrotas más que transitorias. La impunidad y discrecionalidad de lo que se puede hacer con el cuerpo de las mujeres como el lugar donde se implanta la insignia de la soberanía expresa el control territorial en la modalidad mafiosa de las nuevas guerras informales.
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sábado, 28 de septiembre de 2013
España:Hoy se manifestarán los movimientos feministas en la capital contra la nueva Ley de Aborto
Esta tarde a las 19:00 horas el Movimiento Feminista de Madrid encabezará una manifestación a favor del aborto con motivo del Día Internacional por la Despenalización del Aborto, que se celebra el día 28 de septiembre.
La protesta arremeterá contra la reforma de la Ley del Aborto de la que es responsable Alberto Ruiz Gallardón. El Ministro de Justicia defiende el borrador de una ley que se aprobará a principios de Octubre y que contempla penas de cárcel para aquellas que incumplan los plazos establecidos por la normativa.
Gallardón ataca así al PSOE con argumentos como el de que el PP ha sido el único en eliminar la cárcel para las mujeres que aborten. También alega el ministro que la actual ley recuerda mucho a la ideología nazi a causa de las razones por las cuales se está permitido abortar.
Según la actual legislación, solo si el feto tiene malformaciones que impidan su propia vida podrá someterse a la interrupción del embarazo a partir de las 22 semanas.
Por su parte, las asociaciones feministas irán a la manifestación bajo el lema “nosotras parimos, nosotras decidimos” considerando que, si la vida se genera en el útero de la madre y el útero es parte del cuerpo de la madre, es la madre quien ha de tomar la decisión de seguir adelante o abortar.
Las organizaciones pro-aborto quieren “que la interrupción voluntaria del embarazo deje de estar tipificada como delito en el Código Penal y que su prestación se proporcione dentro de la red sanitaria pública, independientemente del origen, edad, orientación (…) o situación administrativa de quien lo solicite."
La protesta arremeterá contra la reforma de la Ley del Aborto de la que es responsable Alberto Ruiz Gallardón. El Ministro de Justicia defiende el borrador de una ley que se aprobará a principios de Octubre y que contempla penas de cárcel para aquellas que incumplan los plazos establecidos por la normativa.
Gallardón ataca así al PSOE con argumentos como el de que el PP ha sido el único en eliminar la cárcel para las mujeres que aborten. También alega el ministro que la actual ley recuerda mucho a la ideología nazi a causa de las razones por las cuales se está permitido abortar.
Según la actual legislación, solo si el feto tiene malformaciones que impidan su propia vida podrá someterse a la interrupción del embarazo a partir de las 22 semanas.
Por su parte, las asociaciones feministas irán a la manifestación bajo el lema “nosotras parimos, nosotras decidimos” considerando que, si la vida se genera en el útero de la madre y el útero es parte del cuerpo de la madre, es la madre quien ha de tomar la decisión de seguir adelante o abortar.
Las organizaciones pro-aborto quieren “que la interrupción voluntaria del embarazo deje de estar tipificada como delito en el Código Penal y que su prestación se proporcione dentro de la red sanitaria pública, independientemente del origen, edad, orientación (…) o situación administrativa de quien lo solicite."
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jueves, 26 de septiembre de 2013
Nicaragua: Mujeres le dicen NO a reformas
Elízabeth Romero
El Movimiento María Elena Cuadra volvió a promover ayer una marcha frente a la Asamblea Nacional para rechazar las reformas a la Ley 779, Contra la Violencia Hacia las Mujeres, por considerar que la mediación representa impunidad.
“Es claro que el presidente (inconstitucional) de este país es el que está dando la orden para que nuestros derechos sean mediados”, sostuvo la directora del movimiento feminista, Sandra Ramos.
También marcharon representaciones de otras agrupaciones de mujeres que con pancartas y mantas rechazaban las reformas.
Ana Quirós, del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), aseguró por su parte que al pretender los diputados autorizar al ejecutivo a que reglamente la ley, este le estaría dando poder a los oficialistas Gabinetes de la Familia.
El movimiento María Elena Cuadra es la única representación organizada que fue consultada por los diputados antes de emitir un dictamen favorable a las reformas a la Ley 779.
Y pese a que, según Ramos, expresaron “en su cara” a los diputados que no aceptaban la mediación, estos siguieron con el dictamen para su modificación. Más del treinta por ciento de las mujeres que han muerto habían estado mediando, sostuvo Ramos.
La discutida mediación se aplica como medida alterna de resolución de conflictos en delitos menores, en otros ámbitos legales.
“Por eso estamos hoy en las calles diciéndoles no a la mediación”, manifestó Ramos, quien criticó que muchos de los diputados tienen una doble moral frente al tema de la violencia hacia las mujeres.
“Hablan de que hay que salvar los hogares, que empiecen por salvar los de ellos, a reconocer a los hijos que tienen por fuera”, les criticó Ramos desde el altoparlante.
Y agregó la dirigente del María Elena Cuadra: “La ley vino a desatar la olla podrida (... ) tienen miedo a las mujeres”.
El Movimiento María Elena Cuadra volvió a promover ayer una marcha frente a la Asamblea Nacional para rechazar las reformas a la Ley 779, Contra la Violencia Hacia las Mujeres, por considerar que la mediación representa impunidad.
“Es claro que el presidente (inconstitucional) de este país es el que está dando la orden para que nuestros derechos sean mediados”, sostuvo la directora del movimiento feminista, Sandra Ramos.
También marcharon representaciones de otras agrupaciones de mujeres que con pancartas y mantas rechazaban las reformas.
¿PODER A LOS GABINETES DE LA FAMILIA?
Ana Quirós, del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), aseguró por su parte que al pretender los diputados autorizar al ejecutivo a que reglamente la ley, este le estaría dando poder a los oficialistas Gabinetes de la Familia.
- 65 femicidios reportan las organizaciones de mujeres, que han ocurrido desde enero a la fecha en el país, que dejaron a 55 huérfanos. Mientras tanto, 58 de los femicidas están prófugos.
No debe reglamentar
Ana Quirós, del MAM, dijo que no es necesario la reglamentación de la Ley 779, pues eso está establecido a través del Código Procesal Penal (CPP).
“Cualquier muerte de mujer abusada o privada de sus derechos vamos a acusar a los diputados de ser femicidas, de ser cómplices necesarios en la violencia contra las mujeres”, advirtió Quirós.
Elia Palacios, de la Red de Mujeres Contra la Violencia, estimó que este delito “es una pandemia que a diario mata a las mujeres”, por lo que insistieron en la ley.
El movimiento María Elena Cuadra es la única representación organizada que fue consultada por los diputados antes de emitir un dictamen favorable a las reformas a la Ley 779.
Y pese a que, según Ramos, expresaron “en su cara” a los diputados que no aceptaban la mediación, estos siguieron con el dictamen para su modificación. Más del treinta por ciento de las mujeres que han muerto habían estado mediando, sostuvo Ramos.
La discutida mediación se aplica como medida alterna de resolución de conflictos en delitos menores, en otros ámbitos legales.
“Por eso estamos hoy en las calles diciéndoles no a la mediación”, manifestó Ramos, quien criticó que muchos de los diputados tienen una doble moral frente al tema de la violencia hacia las mujeres.
“Hablan de que hay que salvar los hogares, que empiecen por salvar los de ellos, a reconocer a los hijos que tienen por fuera”, les criticó Ramos desde el altoparlante.
Y agregó la dirigente del María Elena Cuadra: “La ley vino a desatar la olla podrida (... ) tienen miedo a las mujeres”.
lunes, 26 de agosto de 2013
África: Dos hombres firman un contrato para compartir una mujer en Kenia
Dos hombres han firmado un acuerdo en Kenia para compartir una mujer
y no pelearse por ella, un tipo de unión inusual en este país de África
Oriental, informó hoy el diario local "Daily Nation".
Mientras que la poligamia -un hombre casado con varias mujeres- es legal en Kenia y está muy extendida entre algunas comunidades, no se conoce ningún caso de poliandria -una mujer con más de un marido- en este país.
Los dos "maridos" suscribieron el insólito contrato en la localidad de Kisimani, en el condado de Mombasa (costa sur de Kenia), tras descubrir que ambos habían mantenido una aventura amorosa con ella durante más de cuatro años.
Los padres de la mujer concedieron permiso a sus dos pretendientes para vivir con ella y "pagar el precio de la novia" cuando les fuera posible.
Posteriormente, los interesados acudieron a la comisaría de policía local con el acuerdo escrito, que también establece que ambos cuidarán a los niños que su esposa dé a luz y compartirán los gastos de la vivienda.
"Me sorprendió ver a dos hombres luchando por una mujer de la que se decía que era viuda y madre de gemelos. Intenté resolver el problema pero se negaron, insistiendo en que ninguno de ellos podría vivir sin la mujer", relató el policía local Adhalah Abdulrahman.
Cuando el agente pidió a la mujer que eligiera a uno de sus dos amantes, ella también rechazó decantarse porque no podría vivir sin ninguno de ellos.
Esta confesión llevó a los pretendientes, Sylvester Mwendwa y Elijah Kimani, a aceptar turnarse para vivir con su amada, cuyo nombre no fue divulgado, según el periódico keniano.
En todo caso, los hombres deberán probar que la poliandria forma parte de sus costumbres, de lo contrario la unión no será válida, según los abogados consultados por el diario.
La poliandria es más "anormal que ilegal", ya que las leyes matrimoniales en Kenia no la prohíben de forma explícita, precisó la abogada Judy Thongori, especializada en asuntos de familia.
Mientras que la poligamia -un hombre casado con varias mujeres- es legal en Kenia y está muy extendida entre algunas comunidades, no se conoce ningún caso de poliandria -una mujer con más de un marido- en este país.
Los dos "maridos" suscribieron el insólito contrato en la localidad de Kisimani, en el condado de Mombasa (costa sur de Kenia), tras descubrir que ambos habían mantenido una aventura amorosa con ella durante más de cuatro años.
Los padres de la mujer concedieron permiso a sus dos pretendientes para vivir con ella y "pagar el precio de la novia" cuando les fuera posible.
Posteriormente, los interesados acudieron a la comisaría de policía local con el acuerdo escrito, que también establece que ambos cuidarán a los niños que su esposa dé a luz y compartirán los gastos de la vivienda.
"Me sorprendió ver a dos hombres luchando por una mujer de la que se decía que era viuda y madre de gemelos. Intenté resolver el problema pero se negaron, insistiendo en que ninguno de ellos podría vivir sin la mujer", relató el policía local Adhalah Abdulrahman.
Cuando el agente pidió a la mujer que eligiera a uno de sus dos amantes, ella también rechazó decantarse porque no podría vivir sin ninguno de ellos.
Esta confesión llevó a los pretendientes, Sylvester Mwendwa y Elijah Kimani, a aceptar turnarse para vivir con su amada, cuyo nombre no fue divulgado, según el periódico keniano.
En todo caso, los hombres deberán probar que la poliandria forma parte de sus costumbres, de lo contrario la unión no será válida, según los abogados consultados por el diario.
La poliandria es más "anormal que ilegal", ya que las leyes matrimoniales en Kenia no la prohíben de forma explícita, precisó la abogada Judy Thongori, especializada en asuntos de familia.
sábado, 24 de agosto de 2013
Asia-Pacífico: La modernidad y la discriminación femenina
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| Una mujer japonesa durante una protesta en Tokio. Foto: AP |
BEIJING (apro).- La historia en Occidente y la lógica sugieren que el desarrollo económico y la igualdad entre géneros caminan juntos. Asia lo desmiente. Las sociedades japonesa y surcoreana son las más avanzadas y las más discriminatorias. El Foro Económico Mundial (FEM) colocó el pasado año a la primera en el puesto 101 (entre Tayikistán y Gambia) y a Corea del Sur en el 108 en una clasificación de 135 países. Japón incluso ha perdido tres puestos desde el anterior informe.
La historia explica parcialmente la discriminación. Japón, tercera economía mundial y líder en innovación tecnológica, sigue aferrada a su estructura ancestral. Aunque la fertilidad se ensalzaba como sagrada ya en la antigua cultura japonesa, la mujer era considerada como una segunda clase social e incapaz para las labores políticas. Ese rol quedó más acentuado en la cultura de los samuráis. En la literatura clásica japonesa, en contraposición a la europea, no existe el respeto caballeresco hacia la mujer. La modernización del siglo XIX no varió la concepción, ni tampoco las leyes familiares de 1946.
La urbanización y la industrialización han sido meteóricas en Japón y Corea del Sur, en contraste con los procesos más sosegados de Occidente. Los cambios bruscos generan fuertes respuestas conservadoras e incluso reaccionarias en la sociedad, explica por mail Seungsook Moon, catedrática del Departamento de Sociología de Vassar College.
“En las relaciones familiares y de género se han instalado esas manifestaciones como una manera de gestionar la incertidumbre y ansiedad (…) y dar una poderosa imagen de continuidad en medio de mareantes cambios”, asegura.
Acoso
El célebre caso de Rina Bovrisse radiografía el problema japonés. Bovrisse llegó en 2009 a Tokio como alta ejecutiva de la firma de lujo Prada para supervisar a 500 empleadas de 42 tiendas. Notó desde el principio prácticas dudosas, que llegaron a su clímax cuando se le pidió que despidiera o trasladara a 15 empleadas eficaces por “viejas, gordas, feas, asquerosas o que carecen de la imagen Prada”. Tras protestar también recibió críticas: “Necesitas un corte de pelo y adelgazar”. “El director ejecutivo se avergüenza de tu fealdad y no te presentará a la gente de Milán”. “Ya ha hablado con el jefe de Relaciones Públicas y también cree que es un serio problema”.
La marca le ofreció primero un cargo menor y después la dimisión. Demandó a la marca por discriminación en 2010. Bovrisse señala que, durante el juicio, la empresa aseguró que “el acoso sexual y la discriminación a las empleadas es una práctica requerida para mantener la imagen de marca de Prada”.
La jueza del caso, Reiko Morioka, dictaminó en 2012 que esas prácticas habían existido pero no constituían delito sino que “eran aceptables en una marca de lujo” y “que una empleada con buen salario debía estar preparada para cierto nivel de acoso”.
Lo peor vendría después: Prada demandó a Rina por daños de imagen y le solicita 780 mil dólares de compensación. Una petición en la plataforma Change.org para que Prada retire su demanda judicial alcanza ya las 211 mil firmas. La campaña fue lanzada por Ayako Barrera, quien ha sido discriminada en Japón por ser mujer y usar el apellido extranjero de su marido.
Durante la batalla legal, que se alarga durante cuatro años, Bovrisse ha recibido el reconocimiento de la ONU. La oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos urgió en mayo a Japón a tipificar como delitos la discriminación y el acoso sexual, en especial en el lugar de trabajo, y a ofrecer seguridad a las víctimas para que denuncien sin miedo a represalias.
Patriarcado
La industria de la publicidad muestra cotidianamente imágenes de mujeres subordinadas al hombre que incomodan a la sensibilidad occidental. En la potente industria nacional del porno, las mujeres son frecuentemente caracterizadas como colegialas que sufren abusos sexuales. En The Rapeman, uno de los manga más célebres de los años 90, el protagonista era un profesor de día y violador de noche. Muchas de sus víctimas caían irresistiblemente enamoradas de él.
El cuadro persiste aunque la Constitución prohíbe la discriminación y se han aprobado numerosas leyes en los últimos años. Pensiones, impuestos, seguridad social y seguro médico se calculan con un patrón de familia de cuatro miembros con la mujer de ama de casa.
Los resultados del informe de desigualdades del FEM (que examina las diferencias entre ambos géneros en el acceso a la salud y a la educación, la participación política y la igualdad económica) provocaron llamadas urgentes a resolver el conflicto pero también alegatos nacionalistas. “Los países tienen valores diferentes así que una clasificación de este tipo carece de sentido. Es injusto que se impongan a la fuerza los valores occidentales en Japón”, decía un internauta.
La brecha es aún más dolorosa en el mercado laboral porque la idiosincrasia empresarial dificulta compatibilizar familia y trabajo.
“Los empleados no son tratados como individualidades sino como propiedades. Se espera que dediquen a la empresa las 24 horas. Eso implica que no pueden cumplir con sus deberes familiares, que deben ser desviados a sus esposas. Son las empresas las que mantienen el patriarcado”, asegura por e-mail Hiroshi Nishihara, catedrático de Ciencias Sociales de la Universidad de Waseda (Tokio). Los que se niegan (la mayoría de mujeres casadas y algunos hombres) pasan a engrosar una subcategoría de trabajadores por no haber demostrado su completa fidelidad a la empresa. “Serán tratados como simple fuerza laboral intercambiable”, define Nishihara.
El cuadro ha empeorado desde que en 1985 se aprobara la primera legislación contra la discriminación. La proporción de mujeres empleadas a jornada completa bajó en Japón de 68.1% a 46.5% entre 1985 y 2008. Un 53.5% de mujeres tiene contratos de media jornada; los hombres sólo 19.1%. Muchas compañías distinguen a sus trabajadores “de carrera” y de los de “administración”, con las mujeres tozudamente dentro de la segunda y dedicadas a labores de oficina y llevar el té.
El 70% abandona su trabajo después de dar a luz. Su reincorporación al mercado laboral es difícil porque las empresas asumen que han olvidado lo aprendido, lo que supone una discriminación sutil. “La mujer que no renuncia a su trabajo es considerada a menudo como egoísta y suele encontrar poco apoyo incluso en su familia”, juzga Nishihara.
Los hombres reciben un mayor salario si sus mujeres no trabajan y éstas cobran poco por sus medias jornadas. Las regulaciones datan de los años 70 y no se han adaptado a las nuevas realidades ni a la problemática demografía. La sociedad sufre un acentuado envejecimiento, la mano de obra se reduce, la población será 30% menor en 2055 y la inmigración es escasa.
La coyuntura sitúa a Japón donde estaba China 70 años atrás. Mao Zedong dictó en 1950 las leyes más modernas e igualitarias de la época. Las mujeres sufrían entonces el concubinato, el vendaje de los pies o los matrimonios forzosos. El fundador del país entendió que no podría levantarlo con la mitad de la población en casa e igualó a la mujer en derechos al hombre, le permitió estudiar, trabajar, heredar y elegir al marido. “Las mujeres sostienen la mitad del cielo”, dijo a una audiencia que vio desmoronarse su credo confuciano.
Aunque la China rural es aún machista en muchos aspectos, la situación tiende a igualarse en las ciudades. El país, aún en vías de desarrollo, ocupa el puesto 69 en la clasificación del FEM.
Japón también está obligado a contar con la mitad de la población olvidada para reflotar una economía estancada durante dos décadas. Tokio y representantes de la industria se comprometieron a que al menos 55% de las mujeres regresaran al mercado laboral tras dar a luz en 2010 utilizando la imagen de la astronauta y madre Naoko Yamazaki. Pero el plan viene lastrado por unas reticencias crecientes: una encuesta gubernamental de diciembre mostraba que 51% de los japoneses preferían que la mujer se quedara en el hogar y el hombre proveyera el sustento. Eso supone 10.1% más que una encuesta similar de 2009. El incremento fue más acentuado en la población entre 20 y 30 años.
Los expertos no predicen mejoras sustanciales. Siendo optimistas, habrá un flujo de mujeres del hogar al mercado laboral precario. “Los trabajos que aparezcan para ellas, como los de asistentes sociales, tendrán salarios bajos y malas condiciones laborales. Hay pocas esperanzas de que en un futuro cercano ocupen puestos administrativos de poder. Hay excepciones en la abogacía o la arquitectura, pero son fenómenos raros que se dan en mujeres con privilegios o con un talento extraordinario”, explica Nishihara.
Corea del Sur presenta un cuadro parecido: las mujeres sufren sexismo, discriminación salarial y trabas en los negocios. El país vivió el pasado año un acontecimiento histórico con la elección de su primera presidenta, Park Geun-Hye. Park, de 61 años. Es un tsunami en el ecosistema patriarcal: estudió ingeniería electrónica en los años 70, sigue soltera, carece de hijos y admira a políticas como Hillary Clinton o Margaret Thatcher. De hecho, es conocida como la Dama de Hierro asiática. Su eslogan cambió de “Campaña de Felicidad Nacional” a “Una mujer preparada como presidente”.
Park ha corregido el trato contemporizador de sus predecesores frente a las tropelías de Corea del Norte y en el país aún se recuerda el episodio de 1979: le comunicaron que su padre, el dictador Park Chung-hee, acababa de ser asesinado y ella se preocupó por la seguridad nacional. “¿Está la frontera asegurada?”, preguntó.
Seungsook Moon, catedrática del Departamento de Sociología de Vassar College, confía en que los cambios llegarán más por la nueva presencia de “fuertes y vibrantes movimientos de mujeres en la sociedad” que por Park, quien fue elegida “no gracias a su sexo sino a pesar de él”.
“Pero sí que tiene un alcance simbólico que puede servir de modelo a las nuevas generaciones de mujeres”, sostiene.
Su llegada al poder desbordó la simple anécdota e insufló esperanzas sobre las mejoras de la situación de la mujer. Pero Seungsook Moon subraya que existen elementos para frenar el optimismo. Su partido, el conservador New Frontier Party o Saunura, nunca se ha distinguido por la lucha de los derechos de las mujeres. Y Park no llegó al poder por sus méritos estrictos, a pesar de tenerlos, sino por la devoción que su padre aún causa en buena parte de la población.
En los últimos años se aprecian cambios en la estructura tradicional familiar surcoreana. Las surcoreanas cada vez se casan y tienen hijos más tarde para permanecer en el trabajo. “El gobierno ha hecho recientes esfuerzos para solucionar el desnivel de género en el empleo y considera varias infraestructuras sociales para facilitar su reingreso al mercado laboral tras dar a luz. Pero aún es necesario hacer mucho”, opina por mail Jina E. Kim, profesora de Cultura e Historia de Corea del Smith College.
domingo, 21 de julio de 2013
Poligamia: ¿Práctica sexista o derecho tradicional?
A pesar de su notable descenso en el último medio siglo, esta práctica matrimonial continúa siendo ampliamente defendida en el continente africano
La introducción, el pasado martes, en el Parlamento de
Kenia de la llamada propuesta de «ley del Matrimonio» echa aún más leña
al eterno debate moral que experimenta el continente sobre la poligamia.
Mediante ésta, se obliga a que todos los casamientos (ya sean tradicionales, civiles o religiosos) dispongan de un certificado oficial, lo que reduce las posibilidades de que las mujeres sean abandonadas por sus esposos o excluidas de la herencia por no contar con un acta de matrimonio.
La medida ha sido ampliamente defendida por las
asociaciones locales femeninas, ya que garantiza a ambos cónyuges los
mismos derechos de los bienes matrimoniales.
Sin embargo, no cierra una agria polémica. El proyecto de ley propone el reconocimiento legal de la poligamia, siempre que el casamiento se realice dentro del rito musulmán o consuetudinario
(y notificando antes el hombre a su primera esposa sus potenciales
intenciones). No obstante, la poligamia no se permitiría en las uniones
cristianas o civiles, incluso, bajo pena de cárcel.
Según un reciente estudio de la London School of Economics, en buena parte de los países del África subsahariana, más del 10% de las mujeres casadas se encuentran en una unión polígama.
De igual modo, entre Senegal y Tanzania, se extiende el denominado
«cinturón de la poligamia», en la que es común encontrar a más de un
tercio de las mujeres esposadas en uniones de este tipo. En este
sentido, la práctica tiende a ser citada como una de las posibles causas
de los bajos niveles de ahorro familiar de África, la alta incidencia
del VIH, los altos niveles de mortalidad infantil, y de la depresión
femenina.
Esto, a pesar de su notable descenso durante los últimos
cincuenta años: De los casi medio millón de mujeres incluidas en el
estudio, aproximadamente el 40% de aquellas mujeres que contrajeron matrimonio en 1970, a día de hoy comparten marido, mientras que para las féminas que lo hicieron en 2005, esa cifra es más cercana al 15 por ciento.
En Benin, por ejemplo, más del 60% de las mujeres que se
casaron en 1970 lo hicieron con maridos polígamos, mientras que, en
2000, su número era ya menor al 40%. Datos similares a los de Burkina
Faso, Guinea y Senegal.
A favor y en contra
Sin embargo, a pesar del notable descenso, la aceptación es
notable. Como asegura el analista liberiano Paul Y. Harry, la poligamia
promueve los derechos individuales
y la libertad de elección, así como reduce el adulterio. De igual modo,
Harry alude a la tradición para continuar con la práctica.
Pese a ello, sus detractores aducen la falta de equidad de género en un sistema 100% patriarcal
(¿o acaso las mujeres cuentan con el mismo derecho a la hora de
compartir varios maridos?). Además, destacan el estrés emocional
relacionado con la competencia entre las esposas e hijos de la atención y
los recursos, así como la falta de derechos que, en ocasiones, conduce a
ser víctimas de violencia de género.
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