sábado, 11 de octubre de 2014

Rrodrigo Montoya: Peruanísima corrupción

RODRIGO MONTOYA

NAVEGAR RÍO ARRIBA - SECCION DE DIARIO UNO

Peruanísima corrupción

ROBAR Y HACER: En tiempos del capitalismo floreciente de los últimos 25 años, la política y la ética caminan por sendas diferentes.

El aparentemente inevitable regreso de Luis Castañeda Lossio a la Alcaldía de Lima con el apoyo de una buena parte del 59 % de personas que votarán por una persona que robará pero hará más obras, ha servido para que muchos nos preguntemos qué pasa en Perú y cuán honda es su crisis política y moral, a pesar de la bondad de las cifras sobre el crecimiento de su economía.

En tiempos del capitalismo floreciente de los últimos 25 años, la política y la ética caminan por sendas diferentes. No debiera llamarnos la atención porque esa ha sido siempre la norma con muy escasas excepciones.

UNO. La palabra corrupción es inevitable para describir lo que ocurre en la sociedad peruana. De los predios del fujimorismo salieron las siguientes frases: “todos somos corruptos, no solo nosotros”, “todos matan, nosotros matamos menos”, “todos roban, nosotros robamos menos”. “Hay quienes roban y no hacen, otros hacen y roban, lo importante es hacer obra”.
En este período de florecimiento capitalista, Alberto Fujimori y su gemelo Vladimiro Montesinos son figuras emblemáticas de la corrupción y de los crímenes de lesa humanidad. Cuidado, no son los únicos.

En un país como el nuestro con gentes de frágil memoria, los recuerdos llegan hasta los tiempos de Manuel Apolinario Odría (1948-1956). Si ustedes lectoras y lectores leen el libro Historia de la corrupción en el Perú, de Alfonso Quiroz, (Instituto Estudios Peruanos e Instituto de Defensa Legal, 2013) verán que la corrupción es todo un sistema que se confunde con la historia de nuestro país.

DOS. Presente, pasado y futuro son los tres grandes momentos del tiempo. En términos estrictos, el presente dura un instante; por eso, la frase que acabo de escribir y la lectura de ustedes son ya parte del pasado. Hay un pasado reciente, uno mediato, y otro lejano. El futuro no existe, es una ilusión; por eso tiende a confundirse con los sueños, con los buenos deseos y utopías diversas.

Es a partir de estas evidencias que el concepto de historia se confunde con el pasado y, de acuerdo a los historiadores tradicionales, convendría esperar que el presente reciente se vuelva claramente pasado para estudiarlo en los documentos que se acumulan paso a paso. Desde este punto de vista el futuro sería asunto de adivinos, gitanos y shamanes.

TRES. Una pregunta clave para el debate actual es la siguiente: ¿Cuándo nació la corrupción en Perú? Habría que buscar la respuesta siguiendo la pista de Francisco Pizarro. El fue el jefe operativo de una empresa de conquista de dos grandes socios: El Vaticano y la monarquía española. Por bulas papales, las monarquías de España y Portugal recibieron, como un regalo de su dios, la propiedad los territorios del nuevo mundo y el encargo de salvar el alma de los paganos habitantes de estas tierras ofreciéndoles el cielo y el perdón a cambio de la renuncia a sus dioses y creencias.

CUATRO. Francisco Pizarro y las bandas de aventureros que lo acompañaron en la empresa de la conquista buscaban oro y más oro. Eran todos católicos, apostólicos y castellanos. Tenían un dios más importante: el oro. Gustavo Gutiérrez -sacerdote peruano de la teología de la liberación, con el espíritu crítico más agudo de la iglesia católica peruana- escribió un libro fundamental sobre el tema: Dios o el oro de las Indias: siglo XVI, (Instituto Bartolomé de las casas, CEP. Lima, 1989). Luego de sufrir los primeros años de la conquista, los indígenas del Caribe, llegaron a una conclusión: “el verdadero Dios de los cristianos es el oro”. Sabían muy bien lo que decían. Para llenarse de oro y fortuna Pizarro, Almagro y los suyos, robaron, mintieron, engañaron y mataron, se apropiaron del rescate de Atahualpa en Cajamarca, en Pachacámac, en Jauja y en Cusco. Como mataron, se mataron.

CINCO. Francisco Pizarro fue el primer gobernador del nuevo Estado que se formó en territorio inca. Al palacio de gobierno de hoy se le llama, desde 1535, la “casa de Pizarro”. Él colocó los cimientos del estado colonial. Montar el primer piso fue tarea de Francisco de Toledo, en 1569. Correspondió a San Martín y Bolívar la construcción del segundo piso, con los criollos como dueños del país sin cambiar nada del primer piso colonial. Vivimos hoy, en este segundo piso. Cambiar de construcción sobre el mismo suelo y con otros beneficiarios es la tarea que nos debemos en el futuro.

SEIS. Habría la tentación de creer que la corrupción comenzó en tiempos incas o pre-incas. No es verdad. El argumento decisivo es muy sencillo. No hubo en tiempos incas dinero, tampoco mercado. Lo más importante de la corrupción gira alrededor del dinero. El concepto de dinero para disponer de una fortuna vino con Colón, Pizarro, y la Iglesia católica. (“Poderoso caballero es don dinero”, “en arca abierta el justo peca”, “la plata viene sola”).

SIETE. Hay en Perú millones de personas que están dispuestas a cualquier cosa por tener dinero. El arribismo social de todos los colores es un componente extraordinario de nuestra sociedad. He escrito antes en esta columna sobre Alan García y Alejando Toledo como ejemplos recientes. Ellos son el mal ejemplo perfecto a seguir. “Si ellos pueden, por qué nosotros no”, es el razonamiento que por su sencillez no requiere mayor explicación.

OCHO. Ninguno de los millones de corruptos que hay en el país se reconoce como tal. No escucharemos nunca que alguien diga “yo soy un corrupto”. La inocencia parece una virtud angelical que todos los corruptos comparten. Recuerden, lectoras y lectores, el grito destemplado de Alberto Fujimori en el juicio del que salió condenado a 25 años de cárcel: ¡“soy inocente”! Sus hijos y todos los fujimoristas del país creen lo mismo. ¿Corruptos?, los otros. ¿Nosotros?, no. “¿Yo?, no.” Volveré después sobre estas preguntas.

(Publicado en Diario Uno, el 5 de Octubre del 2014)