domingo, 1 de junio de 2014

Ecuador: Reelección Indefinida

Por Diego Borja Cornejo

Durante el Enlace Ciudadano No. 375 de este sábado 31 de mayo, el Presidente señaló varios de los argumentos que le habrían conducido a apoyar la decisión de Alianza PAIS y pedir a su bloque parlamentario que dé paso a una enmienda de la Constitución, para hacer posible la reelección indefinida.
 
El principal argumento del Presidente es el cambio que se habría operado en la realidad. "Vendrán tiempos difíciles –dijo-, hay una restauración conservadora (...) esas fuerzas de derecha, esas fuerzas retrógradas que estaban aturdidas, desconcentradas, dispersas, ya se han unido nuevamente. Con estrategia de poder. Con instrumentos poderosísimos".[1]

Frente a este rearme de la derecha, cabe preguntarse, ¿es la modificación de la Constitución para permitir la reelección indefinida del Presidente, la mejor alternativa?.

Desde mi perspectiva esa es la peor alternativa. En primer lugar, abandona la tesis inicial de la Revolución Ciudadana que se miraba a sí mismo como una alternativa de democracia avanzada contra el antiguo régimen de la "partidocracia". En tal sentido proponía romper con los vicios caudillistas y mesiánicos que habían caracterizado a la democracia ecuatoriana y proponía la primacía de la participación ciudadana y la dirección política colectiva. 
 
En segundo lugar, debilita y restringe la necesaria formación de cuadros de dirección de relevo y con ello la penetración de la democracia dentro de la propia organización política del gobierno – Alianza PAIS-. 
 
En tercer lugar, consolida el poder de la burocracia y de la tecnocracia ya que buscará "la eficacia del poder", más que "el ejercicio de la representación" y menos aún la efectiva expresión del poder ciudadano y el control democrático sobre las instituciones del Estado. 
 
En cuarto lugar, en vez de ampliar la base de apoyo social para alcanzar un mayor apoyo democrático a las conquistas sociales supuestamente amenazadas –una democratización de la democracia-[2], opta por establecer un diálogo solamente con la clase política.Puesto que, de forma contradictoria con el propio discurso del Presidente, se propone la enmienda constitucional señalando que esta beneficiará a "todos los cargos de elección popular", lo cual incluye a lo que el Presidente considera los representantes "de la amenaza de la restauración conservadora". 
 
En quinto lugar, se crea, como realidad o ficción, al enemigo externo: la "restauración conservadora", pero se omite o se disminuye la mirada hacia los déficits internos de la revolución ciudadana como son: la restricción a la liberta de organización, movilización y expresión, la exclusión de fuerzas sociales y políticas que la constituyeron inicialmente, la incorporación de fuerzas de la vieja "partidocracia" a sus filas, el impulso de piezas clave del accionar neoliberal al que se le ataca en el discurso, como son la negociación de un TLC con Europa, el retorno del FMI a vigilar la economía [3], la criminalización de la lucha social, etc.

El otro argumento esbozado por el Presidente es que la enmienda Constitucional sería el "mal menor". El "mal mayor" sería el peligro que se cierne sobre el "proyecto político" desde una "derecha transnacionalizada", el riesgo de "volver al pasado", "el retorno del dominio de las élites".

Si se modifica la Constitución en el sentido pedido por el Presidente, todos los cargos de elección popular podrían ser reelectos de manera indefinida. Esto implicará, necesariamente que haya una carrera desenfrenada desde los representantes de juntas parroquiales hasta la Presidencia de República por usar los mecanismos del poder, a los que los ya electos tienen acceso, para utilizarlos a cualquier costo y de cualquier manera –no siempre legítimas- con el fin de perennizarse. Esto implicará que los mecanismos profundamente antidemocráticos del clientelismo y el palanqueo, se consoliden en todos los niveles. 
 
Esto implicará que las lógicas cortesanas de los "ya electos" se consoliden en su máxima expresión para no perder el favor de quienes toman las decisiones de determinar los candidatos.¿No son estos riesgos un mal mayor para la democracia? ¿No es todo esto un mal mayor del mismo nivel o peor que una posible "restauración conservadora"? Es más, ¿que diferencia existe entre el incentivo que habría para esos comportamientos políticos, en caso de reelección indefinida, frente a lo que puede significar el proyecto de los conservadores?.

He señalado anteriormente que el problema no es la alternancia democrática en el sentido que lo usa el argumento liberal y neoliberal.[4] Con alternancia democrática el Ecuador sufrió por décadas la exclusión social, la pobreza extrema, la corrupción rampante, el entreguismo desembozado de nuestros recursos naturales, la inestabilidad política.

El problema es que la reelección indefinida da paso a la entronización de una persona o un grupo de personas en el poder y con ello a los vicios que esto genera. En primer lugar, se provoca la configuración de círculos de poder, que emana del control burocrático de las instituciones del Estado (Ejecutivo, Parlamento, Justicia, Poder Electoral). Aquellos maximizan su permanencia en los espacios de poder. Para esto, acuden a mecanismos clientelares, que corroen también la expresión autónoma de grupos y movimientos sociales que algún día fueron contestatarios. Igualmente, mantienen vínculos de mutuo beneficio con grupos de poder económico, interesados en resguardar el actual estado de cosas y opuestos, esencialmente, a la transformación. ¿Qué interés puede haber para fortalecer la democracia participativa y deliberativa? ¿Qué interés hay para la vigilancia ciudadana de los poderes del Estado? Ninguno.

En segundo lugar, generan una cultura política cortesana. Esto es, la práctica de quienes ya detentan el poder es servir y condescender con el gran asignador de poder –sea este una persona o un grupo-. Se instala en la sociedad la cultura en la cual quienes ocupan cada uno de los eslabones en la pirámide del poder son complacientes y se complacen entre sí. Se esfuma todo espacio para la autocrítica, para la ruptura de los círculos viciosos enemigos de la transformación, para la discrepancia que contribuye a la mejora continua, para la democratización de la democracia, renovando las prácticas y la conciencia. 
 
La verdad emana del Gran Asignador de poder y es repetida por la resonancia cortesana en cada eslabón de la pirámide. Quien cuestiona la verdad oficial cae en desgracia y es expulsado del círculo. Se crea un incentivo permanente para callar y aplaudir, aún si se está consciente del error. Entonces quienes no detentan el poder son contaminados con esa lógica y la connivencia se instala en la sociedad. Esto, en su cara más fea, hace que también se instale el miedo, coartando la expresión creadora de los individuos y las colectividades.

En tercer lugar, se anquilosa la representación del deseo colectivo en la voluntad del personaje ungido y de su círculo, con lo cual el mantenimiento en el poder se convierte en el único objetivo del grupo dirigente. La energía colectiva se represa, la ebullición política, alrededor del surgimiento de líderes se enfría y la sociedad entera pasa a depender de una persona con toda su vulnerabilidad humana.

La transformación de la democracia en el Ecuador no requiere elevar a Ley la reelección indefinida. Esta requiere superar los límites impuestos por la "alternabilidad democrática" de viejo cuño. En términos prácticos esto significa dejar los artículos 114 y 144 de la Constitución tal como fueron aprobados por las casi dos terceras partes de los ecuatorianos en el 2008; y concentrar el esfuerzo político para modificar la forma de operación del Consejo Nacional Electoral (vgr. la decisión sobre la propuesta de Consulta de los Yasunidos); para consolidar una instancia justa de reclamo electoral para quienes nos sintamos vulnerados por las decisiones en esa materia; para instaurar un sistema de reparto de los votos que respete el principio de proporcionalidad que prevé la constitución (artículo 116); para respetar la prohibición de usar la infraestructura estatal con fines electorales (artículo 115). 
 
Y si es verdadero el discurso que se quiere ir más allá de las formas que el Presidente endilga a los conceptos liberales de democracia, bien podría tomarse el ejemplo del Uruguay en su sistema electoral y propiciar alianzas políticas basadas en propuestas programáticas e ideológicas, para romper los cacicazgos locales ; la democratización interna de los partidos y movimientos políticos; los mecanismos de definición de candidatos dentro de las organizaciones políticas; la asignación proporcional de los votos, etc.

No menos democracia, siempre más Democracia.
Referencias:
[1] Escuchar Enlace Presidencial No 375 entre el minuto 57 y el que corresponde a la 1 hora 13 minutos. Ver:http://www.forosecuador.ec/forum/ecuador/pol%C3%ADtica/5563-enlace-ciudadano-375