domingo, 19 de octubre de 2014

A 522 años, otro mundo aún es posible




La colonialidad iniciada con la conquista y el capitalismo con el proceso de industrialización, corresponden a las dos fuerzas estructuradoras del hambre, el despojo y la infelicidad de los pueblos del Sur. En su desarrollo histórico la dimensión epistémica ha jugado un rol crucial en su reproducción. Las formas de pensar, ver y comprender la realidad hacen parte central de la institucionalización de la forma social, imperial y burguesa, dominante.
 
En Chile este ejercicio ha sido decisivo para la digestión de los movimientos sociales y la domesticación de una sociedad en movimiento. El pensamiento único impuesto por el norte y sostenido por un círculo de intelectuales nacionales que escriben los límites de lo posible sobre los muros de la ciudad, corresponde a una de las correas de transmisión entre la estructura económica-política y la reproducción psico-social.

El dolor en nuestra tierra tras 522 años de saqueo enseña que la colonialidad no ha cesado, ni en sus formas de dominación-explotación-opresión (colonialidad del poder), ni en sus maneras que afecta la experiencia de vida de los sujetos (colonialidad del ser), como tampoco al efecto de invisibilización e inferiorización de saberes que no responden a las modalidades de producción de conocimiento asociados a la ciencia convencional y al discurso experto (colonialidad del saber) [1].

La colonialidad del saber

Es posible identificar al menos cuatro elementos de esta operatoria del poder para mantener la sumisión de los sujetos a la herencia colonial.

Desde arriba y desde afuera. La ciencia moderna imbricada con la conquista y luego con el desarrollo capitalista es una herramienta que tiene por objetivo disfrazar las caóticas luchas (de clases, etnias, razas y género) en una sociedad racionalizada mecánicamente, ordenada, lineal, cual pieza de relojería. Este ejercicio es posible cuando se mira el mundo desde arriba y la naturaleza desde afuera, precisamente para enajenar al ser humano de su posición en el mundo.

Sujeto sin lugar. También actual desvinculando la ubicación epistémica del sujeto hablante, ocultando a quien habla y su ubicación en las estructuras de poder. Lo que busca es disociar a la persona de su realidad contextual, abstrayéndolo de la vida misma. Esta matriz ha cumplido cabalmente su rol propuesto, en palabras de Ramón Grosfoguel, “hacer que los sujetos socialmente ubicados en el lado del oprimido de la diferencia colonial, piensen sistemáticamente como los que se encuentran en las posiciones dominantes”[2].

Pensamiento único. A esto se suma la implantación de una meta-narrativa universal que establece los límites de lo posible. Un pensamiento universal, monolítico y monocultural que levanta muros que impiden pensar más allá de lo dado como natural. Barreras, que en silencio, establecen las fronteras de lo permitido. Como señala Santiago Castro Gómez, la ciencia y el discurso experto se levantan como “un punto de vista por sobre todos los puntos de vista pero sin que de ese punto de vista pueda tenerse un punto de vista” [3].

Invisibilización de saberes. A su vez este sentido común colonial no solo confunde y crea situaciones e implanta principios existenciales, sino niega los sentidos, realidades y conocimientos que le cuestionan y transgreden. En palabras de Nelson Maldonado-Torres es un proceso de “subalternización de subjetividades y de saberes, invisibilizando la diferencia colonial, las historias, subjetividades, conocimiento y lógicas de pensamiento y vida que desafían esta hegemonía” [4].

A descolonizar-nos

A pesar de los cinco siglos de violencia en el cuerpo, hay algo que nos dice que otro mundo es posible. La razón: para nosotros y nosotras las del sur, el socialismo no fue una idea ni un sustantivo, es una realidad, es verbo, es socializar, es acción, es de carne y hueso. Existe allí, en la vida comunitaria, y con todo el cemento encima no deja de brotar sus flores de rebeldía, cuando menos lo esperamos.

En cada uno de esos frutos, hay aprendizajes, conocimiento acumulado de derrotas y victorias, saberes cotidianos de lucha y organización. Son estos saberes-experiencias un lugar de pensamiento para descolonizar-nos. No son una respuesta o una verdad, sino una forma de caminar que mira el mundo no desde quien venía en su carabela, sino desde quien estaba en tierra observando su llegada [5].

En esa dirección se observan al menos tres quiebres necesarios:

Indisciplinar las ciencias. Es necesario asumir el largo desafío de hacer de la ciencia un instrumento para la libertad del género humano y no para el control del mercado sobre la naturaleza y la gente. Para ello lo primero es reconocer nuestro lugar, nuestra ubicación en el mundo, que es del lado de los oprimidos. Y lo segundo hacer de ella otro medio de combate, diría Fals Borda, hacer ciencia guerrillera, “una donde el científico rebelde usando todas las armas de la crítica aborda los problemas del cambio de sistema social, ciencia politizada, cuya misión en la sociedad es participar directamente en el proceso de reemplazarla por otra mejor” [6].

Subvertir los límites. No es suficiente con una apertura funcional hacia nuevas perspectivas dentro del pensamiento hegemónico, lo necesario es cuestionar sus propios fundamentos, desestructurar los límites del pensamiento social. Señalaría Catherine Walsh “el problema no descansa simplemente en abrir, impensar o reestructurar las ciencias sociales, sino más bien en poner en cuestión sus propias bases” [7]. En efecto este camino, que no representa algo nuevo o mejor sino simplemente un sendero distinto, “no busca fijar, definir, clasificar, ni quiere estipular principios generales, más bien pregunta y duda mirando hacia lo nuevo, hacia la creatividad humana que desborda los conceptos previos exhibiéndolos como límites de pensamiento”[8].

Des-cubrir saberes otros. Se requiere empezar a observar aquellas experiencias fronterizas, experiencias construidas por los no-ciudadanos desde su propio dolor que incorpora creativamente en sus luchas la esperanza por un mundo distinto. Estos son saberes de resistencia que emergen del ejercicio y construcción de autonomías, conocimientos vivenciales que han permitido a millones sobrevivir la devoradora destrucción colonial y capitalista. Diría Raúl Zibechi “tomar los relámpagos insurreccionales como momentos epistemológicos” [9].

Si lo pensamos es posible

En un nuevo año de resistencia al colonialismo recordemos: necesitamos producir socialmente un pensamiento otro, antagónico al dominante. Este será sólo posible si los sin voz, recuperan la palabra y gritan el mundo que quieren y sueñan.

Estos saberes y sabidurías que no provienen del Estado ni del Mercado, sino de la propia comunidad y sus luchas, desordenan el conocimiento científico atravesándolo con la filosofía de vida que corre las fronteras de lo permitido.

Hoy deberíamos, por abajo, erradicar en todos los ámbitos de la vida social los enclaves coloniales provenientes de la conquista, y por arriba, impulsar una descolonización de la economía y del Estado, avanzar en una segunda independencia donde recuperamos la soberanía sobre los territorios y la organización del conjunto de la sociedad.

Notas

[1] Ver Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en EdgardoLander (ed.), La Colonialidad del saber: Eurocentrismo y Ciencias Sociales. Pers- pectivas Latinoamericanas. CLACSO, Caracas, 2000.
[2] Grosfguel, Ramón. “La descolonización de la economía política y los estudios poscoloniales. Transmo-dernidad, pensamiento fronterizo y colonilidad global, Tabula Rasa”, No. 4, 2006. p.22.
[3] Castro-Gómez, Santiago. “Decolonizar la universidad. La hybris del punto cero y el diálogo de saberes”. En: Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (eds.), El giro decolonial. Reflexiones para una diversi-dad epistémica más allá del capitalismo global. Iesco-Pensar-Siglo del Hombre Editores, Bogotá, 2007.

[4] Maldonado-Torres, Nelson. “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de unconcepto”. en: Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (eds.), El giro decolonial… op.cit.
[5] Mignolo, Walter.Historias locales/diseños globales. Colonialidad, conocimientos subal-ternos y pensamiento fronterizo. AKAl, Madrid, 2003.
[6] Fals-Borda, Orlando. “¿Es posible una sociología de la liberación?”, extraído de: http://www.ram-wan.net/restrepo/decolonial/6-fals%20borda-colonialismo%20intelectual.pdf.
[7] Walsh, Catherine. “¿Son posibles unas ciencias sociales/culturales otras? Reflexiones en torno a las epistemologías decoloniales”. En Nómadas, No. 26, 2007. pp. 102-113 y Walsh, Catherine “Introducción: (re)pensamiento crítico y (de)colonialidad”. En Catherine Walsh (ed.), Pensamiento crítico y matriz (de)colonial. Reflexiones latinoamericanas. Abya-Yala-Universidad AndinaSimón Bolívar, Quito, 2005.

[8] Gutierréz, Raquel y Gómez, Luis, “Los múltiples significados del libro de Zibechi”, en: Zibechi, Raúl, Despersar el Poder , Quimantú, Santiago, 2007.
[9] Zibechi, Raúl, “Ecos del subsuelo: Resistencia y política desde el sótano”, en Ceceña, Ana Esther. De los saberes de la mancipación y de la dominación. Clacso, Buenos Aires, 2008. p.76.


Henry Renna G. Movimiento de Pobladores en Lucha.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.