lunes, 6 de febrero de 2012

El hombre de Davos


Samuel Huntington le dio su nombre: “Davos man”. Lo utilizó para referirse a esa elite mundial que se reúne una vez al año en las montañas suizas a hablar de la economía global entre el brunch y la fiesta de la fría noche. Llegan en vuelos privados y pocas veces han visto a un pobre de cerca… Pero las cosas están cambiando también en el Paraíso.

El Davos man ya no es el mismo. Al menos, quienes se acercaron a la reunión de este año en Davos admiten que el clima reinante ya no es lo que solía ser, y que al pobre “hombre de Davos” se lo ve con un gesto de seria inquietud. Ya no es una simple retórica para quedar bien ante la sufriente humanidad, ahora está realmente preocupado.

Aunque llegue desde Zúrich en helicóptero, le ha sido imposible sustraerse al desánimo y al resentimiento general que, sin ir más lejos, fue palpable en la agenda de la reunión. El debate que abrió las jornadas de este año llevaba como sugerente título “¿El capitalismo del siglo XX le está fallando a la sociedad del siglo XXI?”.

El mismísimo Foro Económico Mundial (WEF), unos días antes de comenzar la reunión, en su panorama anual de la economía mundial advirtió sobre la siembra de semillas de “distopía” -lo opuesto a la utopía- que podría precipitar una espiral descendiente en la economía mundial, traccionada por el quiebre social que se está dando en el mundo desarrollado, el proteccionismo y el populismo. Esta llamada de atención lleva la firma de quién lanzó este encuentro alpino anual en un lejano 1971, Klaus Schwab.

Quien también lanzó una dura advertencia fue el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. “El mundo nunca volverá a ser lo que fue”, advirtió en el Foro que reúne a lo más top de la política y la economía del modelo capitalista actual. Elite que acudió al encuentro con un pesimismo incluso mayor al de 2008 y 2009, durante en la peor etapa de la crisis financiera internacional, cuando se habló sobre el futuro del sistema económico global y de la eurozona.

Robert Zoellick explicó que el mundo nunca volverá a ser lo que fue no sólo en lo que respecta a datos económicos, sino también en cuanto a percepciones y actitudes. “Lo que creo que está ocurriendo es que los mercados emergentes no están esperando al mundo desarrollado para actuar juntos, porque están dando sus propios pasos, no miran -como ocurrió en el pasado- a Estados Unidos o a Europa para buscar soluciones”, admitió en su conferencia.

El ambiente, al concluir el cónclave de cinco días, era sombrío. Más de 2.600 delegados regresaron el domingo pasado a sus países preocupados por lo que nos deparará el 2012. Fue palpable la ausencia de un entusiasmo generalizado en estos días. Y fueron muchas las declaraciones manchadas de negativismo. Por ejemplo, las palabras del economista de Bangladesh, Muhammad Yunus, ganador del Nobel y fundador del Grameen Bank, quien aseguró que “el ambiente está impregnado de depresión y tristeza y nadie está seguro de si el futuro será mejor”. Yunus, participante frecuente del Foro, reconoció que la confianza entre los asistentes había caído al nivel más bajo y calificó a la atmósfera como una de las peores en su memoria.

Pero no todas fueron reacciones negativas. Jin Canrong, profesor de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin de China, afirmó que tanto Europa como Estados Unidos y Japón han empezado a adoptar una actitud responsable para hacer frente a sus dificultades. Y aprovechó para aportar una visión más clara sobre la recuperación de la eurozona, región que se llevó la atención de las jornadas del Foro.

La situación en Europa, que se hunde en la recesión -el último país en anunciar un repliegue del crecimiento fue el Reino Unido - cubrió de pesimismo la cita en que se debatió sobre la necesidad de refundar el capitalismo.

Alemania era la voz más esperada, pero lo primero que dejó en claro es que no quiere comprometerse con algo que no podrá cumplir. Así lo aseguró Angela Merkel en el discurso inaugural ante jefes de Estado, economistas y empresarios de todo el mundo. “En Alemania no queremos encontrarnos en una situación en la que hayamos asumido compromisos que no podemos cumplir”, dijo Merkel en respuesta a quienes le exigían aumentar el capital de los fondos de rescate de la zona euro.

Temas como el desempleo, las oportunidades para los jóvenes -los más afectados por la falta de empleo-, la desigualdad, la competitividad o la innovación marcaron este foro, que reunió a 2.600 personas en esta montaña mágica de la literatura. “Tenemos que rediseñar el modelo y parar con la avaricia que ha prevalecido en el sistema actual”, pidió Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (ITUC), tras recordar que hay más de 200 millones de personas sin empleo en el mundo y 45 millones que entran en el mercado laboral cada año. Burrow acusó a los mercados financieros de asesinar a la economía real y culpó a los bancos de ser los mayores matones del planeta.

Hubo presencia latinoamericana, aunque mucho menor que en otros años. Por ejemplo, la presidente de Brasil, Dilma Rouseff, prefirió otro Foro, el económico y social de Porto Alegre, antes de viajar a Cuba a verse con los hermanos Castro. En Porto Alegre, Dilma abogó por un "nuevo modelo de desarrollo" que articule crecimiento y generación de empleo, combatiendo la pobreza y reduciendo las desigualdades, así como un uso sostenible de los recursos naturales.

Los líderes latinoamericanos que estuvieron presentes en Suiza afirmaron que nuestra región lo tiene todo para sobreponerse a una eventual crisis. América Latina sigue teniendo graves problemas económicos, así como una corrupción persistente y generalizada y una creciente brecha entre ricos y pobres. No obstante, la región crece a un ritmo que causa envidia a Europa y Estados Unidos. Los políticos y empresarios latinoamericanos hablaron desde una posición de fuerza impensable una década atrás, especialmente los de países como Brasil, México y Chile; e incluso ofrecieron consejos a Europa sobre cómo encarar la crisis de la deuda soberana.

El director de la Secretaría General Iberoamericana, Enrique Iglesias, dijo que América Latina ofrece algunas lecciones valiosas para Europa. Y describió las medidas adoptadas para solucionar nuestra propia crisis: restructuración de la deuda, adopción de nuevos impuestos, reformas fiscales, consolidación de su sector bancario y atracción de nuevas inversiones a la región. “Es una pena que los europeos no prestaron atención, no para copiar, sino para sacar lecciones de utilidad que los beneficien", dijo el funcionario.

Mientras tanto, los ministros de finanzas de las economías líderes buscaron convencer a los nerviosos empresarios del mundo de que Europa avanza correctamente para solucionar su crisis deudora antes de arrastrar consigo a otros países. Según ellos, el panorama en la Unión Europea ha cambiado durante los últimos dos meses: mientras el Banco Central del continente fue prestando miles de millones de euros a bancos en apuros, los países endeudados impulsaron reformas convincentes y los líderes del bloque se acercan a la formación de una unión fiscal más cercana que fortalecería su moneda común. A los ministros les faltó rematar con un: “qué lindo es dar buenas noticias”.

Indignados en iglú

En las últimas semanas, el volumen de nieve que había caído fue el segundo más importante de los últimos sesenta años. “En los últimos 42 años, nunca vi tanta nieve en Davos”, había dicho por Twitter Klaus Schwab, fundador del Foro. Los militantes de “Occupy Davos” lo retrucaron al instante: “¡Ideal para construir iglús!”. Y desembarcaron con un insólito campamento de iglús.

David Roth, el organizador de la iniciativa, tenía un cartel en el que se podía leer: “si el voto cambiara algo, sería ilegal”. Fueron pocos, unas cincuenta personas; pero supieron llamar la atención. “Representamos al 99%”, se esforzaron en explicar. Y se aseguraron que el 1% que llegó al exclusivo resort no se olvide de ellos.

Las autoridades no les permitieron instalar su campamento cerca del centro de los congresos, entonces se ubicaron cerca de la vía ferroviaria, soportando temperaturas que por las noches descendían varios grados bajo cero, en un paraje nevado.




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