martes, 20 de julio de 2010

El Islam gana terreno en Brasil


Bismil-laahir Rahmaanir Rahiim, Alhamdulil-lahi Rabbil Alamín, wa assalatu wa assalam ala Rasulilah (s.a.w.) En el nombre de Al-lah, Él Misericordioso, Él Compasivo, todas las alabanzas son para Alah El Señor de los Mundos, y que la paz y las bendiciones de Al-lah sean sobre Su Profeta Muhammad (s.a.w.)

Cinco veces al día, Rosengela se postra hacía Meca en su pequeño piso de Vila Ferreira, un barrio pobre de Sao Bernardo do Campo, una ciudad industrial a unos kilómetros de Sao Paulo. Tiene 45 años. Desde los años 90 su vida se desarrolla al ritmo del islam. Lleva un velo y una larga túnica. Rosengela se encarga de la recepción de los visitantes del “Centro de divulgación del islam por América Latina”. “También doy clases de Corán” precisa.

Conversar con Rosengelda no es fácil: se interrumpe cada 5 minutos o por contestar al teléfono o por informar sobre las conferencias del Sheij Jihad Hassan, el director del centro. “La demanda de Corán en portugués es tal que tengo agotado el stock” asegura. “Mientras espero el pedido, doy versiones en castellano”.

Primer país católico del mundo, Brasil conoce desde hace una década un crecimiento importante del islam. “Es imposible saber cuantos musulmanes cuenta el país puesto que están registrados en la categoría “otros” pero la estimación es de 1 millón” indica Paulo Da Pinto, profesor de la Universidad Fluminense.

Para él, el mejor indicador de la expansión de esta religión es la multiplicación de los lugares de culto. A pesar de la llegada desde el principio del siglo xx de olas de musulmanes sirios, libaneses o palestinos en su mayoría -en Brasil se les llaman “Turcos” en referencia a la tutela que el imperio otomano ejercía en esta época- solo fue en el 1960 que se inauguró la primera mezquita. La construcción de los lugares de culto empezó en los años 80 y se aceleró en los años 2000.

A raíz de este entusiasmo: los atentados del 11 de septiembre del 2001. “Algunos querían saber más sobre este pueblo capaz de hacer temblar el imperio americano, otros dudaban de lo que decía la prensa”, cuenta Rosengela. “Viniendo aquí se dieron cuenta de que el islam no tenía nada que ver con el odio y poco a poco algunos se reconocieron musulmanes.”

El movimiento de conversiones al islam siempre ha existido en Brasil, a pesar de un proselitismo casi inexistente. “El 11 de septiembre ha aumentado la visibilidad de los musulmanes y ha alimentado la curiosidad” dice Paulo da Rocha Pinto

En la universidad las clases sobre el mundo árabe y el islam han pasado de ser exóticas a alborotadas. Esto se ha visto en el mundo entero pero en Brasil hay que sumarle una especialidad local: la telenovela. En octubre del 2001, o sea 3 semanas después de los atentados el World Trade Center, la cadena Globo lanzó “El clono”. La serie, ubicada en Marruecos, quería retratar el mundo árabe y musulmán. “Fue una coincidencia; la telenovela estaba programada desde hace meses.” Recuerda Francisco Ferreira, especialista del islam en la universidad de Sao Paulo.

El éxito fue tal que era normal en las calles de Sao Paulo o de Río saludarse con un “ Inch’allah”.

Rosengela es una convencida. Su conversión resulta de una búsqueda identitaria. Negra, pobre, militante del Movimiento Negro Unificado desde la adolescencia, nunca encontró sus marcas espirituales en su familia católica. “Siempre representan a Jesús como un hombre blanco y ¡ellos qué saben, todo el mundo no era blanco en Jerusalem!”, clama.

Los primeros musulmanes en instalarse en Brasil no fueron los comerciantes libaneses o sirios sino “los miles de esclavos deportados de África.” Recuerda Paulo Farah que dirige el Centro de Estudios Árabes. Conocidos con el nombre de Malês y de Muçulmis, representaban el 15% de los esclavos. Entre 1807 y 1835 se revelaron varias veces.

La “Revuelta de los Malês ocurrió en Salvador de Bahía la noche del 24 de enero de 1835.” Las autoridades la borraron de los libros de historia”, nota Paulo Farah. Dio lugar a una feroz represión y a una durable desconfianza hacia el islam.

La introducción del islam en las periferias esta cambiando la cara de una religión antes identificada con los descendientes de Árabes de clase social a menudo elevada. Para Paulo Farah el mensaje de igualdad racial y de justicia social del islam conoce un importante éxito en el seno de las comunidades más pobres y sobre todo con los jóvenes que sufren el racismo y la violencia policial.

“La motivación de los que optan por el islam no es la misma que la de los que optan por las iglesias evangélicas o las religiones afro-brasileñas como el Condambé.” Dice Paulo Da Rocha Pinto. “En general, los nuevos conversos al islam descubren una religión más abierta al mundo”.
El universitario excluye cualquier deriva política violenta: “hay una solidaridad con el pueblo palestino, libanés o iraquí pero no una identificación.”

Lo importante es que el islam se presente como una ideología altermundista parecida a la que se podía encontrar en la teología de la liberación latino-americana antes de que la iglesia católica pusiera un freno a su expansión.

La islamofobia no está completamente ausente de Brasil. Algunas publicaciones evangélicas hacen una descripción alarmista del islam y la población sigue percibiendo esta religión como “extranjera”. Rosengela siempre lleva en su bolso un pañuelo de recambio en caso de agresión.

(Tomado del Blog Islamgurea)

No hay comentarios: